martes, 29 de julio de 2008

domingo, 27 de julio de 2008

Manalive, de Chesterton

Echando un vistazo a las últimas entradas de mi blog, me doy cuenta de que hace tiempo que no escribo nada sobre los libros que voy leyendo. Como tengo bastante tiempo libre y en el trabajo no hay mucho jaleo, lo cierto es que he devorado media estantería (metáfora) en estas tres semanas de vacaciones... Que falta me hacía.
Uno de los primeros libros que leí fue "Manalive", de Chesterton. Lo cogí pensando en Gabriel Syme, aficionado a este autor del que yo todavía no había leído nada. En dos días lo terminé: no es muy grueso y atrapa al lector desde la primera página.
No es el tipo de novela que suelo leer y, para ser sincera, eso de "Manalive: una gran novela sobre la alegría de estar vivos" que ponía en la portada, me dio mala espina. Soy más aficionada al género pesimista. Aun así, decidí que ya era hora de cambiar un poco de estilo y leer a uno de los grandes escritores contemporáneos (así le llaman los entendidos).
Es un libro metafórico, muy original y bastante surrealista. Yo, que no tengo ni idea pero que me encanta imaginarme que sé un montón, diría que es una especie de lógica absurda. Todos parecen estar locos, todos actúan de forma demencial, pero detrás de todo hay una razón profunda, que no se entiende hasta el final de la novela.
La historia, difícil de resumir, comienza cuando Innocence Smith, protagonista del que no se sabe nada, llega desde no se sabe dónde a una casa en la que viven tres mujeres y otros tantos hombres con una única cosa en común: su vida es triste, aburrida y sin sentido. Smith, con su ejemplo y sus ideas disparatadas, les hará reflexionar y les enseñará a disfrutar de la existencia. Sin embargo, este sorprendente individuo esconde un oscuro pasado. Cuando lo descubre el detective Warner, Innocent se deberá someter a un original juicio, acusado de intento de asesinato, robo y poligamia.
Desde mi punto de vista, lo más destacable de la forma de escribir de Chesterton (al menos en esta novela) es la capacidad de divertir e intrigar al mismo tiempo. Perfecto para desconectar, ideal para las vacaciones.
Buscando una fotografía (no puedo subirla) para completar mi entrada, he encontrado un post mucho más interesante y analítico que el mío sobre Manalive. Qué vergüenza.

miércoles, 16 de julio de 2008

Pobre de mí

Aunque debería haberse escrito el 14 de Julio, fecha en la que finaliza la fiesta de San Fermín, no fue posible. Así que procedo a relatar, tras días de lágrimas incontenidas, lo que ha supuesto para Pamplona en general y para mí en particular, el canto del "Pobre de mí".

Cuando salí aquella calurosa noche, nada parecía indicar los sucesos tan trágicos que, en apenas unas horas, se sucederían ante mis propios ojos.
El paso del tiempo, inexorable, hacía mella en el ánimo y la vestimenta de los ciudadanos: el rojo y el blanco, que tiñeron las calles de Pamplona durante una semana, poco a poco se iban diluyendo. No todo el mundo fue capaz de presenciar los coletazos agónicos de las fiestas que tocaban a su fin.
Los fuegos, normalmente alegres, aquel día sonaron a despedida. Cada petardazo era una puñalada, una lágrima suicida, un adiós. Cuando se apagaron las luces del cielo y cayó al suelo el último palitroque chamuscado, todos los sanfermineros comenzaron a caminar hacia el Ayuntamiento.
Allí, rompiendo con entrecortada voz el silencio, la alcaldesa gritó: "¡Pamplonesas, pamploneses, han acabado las fiestas de San Fermín!"
El viento impetuoso y cálido del catorce de julio agitó los pañuelos que ondeaban al viento, despidiéndose un año más.

miércoles, 9 de julio de 2008

Si Mafalda levantara la cabeza...

Interrumpo mi crónica de los Sanfermines para hablar de un asunto que me ha traído de cabeza toda la tarde (para mañana se me pasará). Hoy, tras una dura jornada laboral llena de contratiempos y arduo trabajo sin descanso para ganarme el pan de cada día, me he sentado frente al televisor: poderoso medio de comunicación que actúa como espejo y modelador de la opinión pública y las acciones humanas. Practicando el deporte digital del zapping, tan típico de esta estación del año en la cual pocos programas merecen la pena ser vistos durante más de diez segundos, he dado con un culebrón. De los gordos.
Mi conciencia profesional está en pleno desarrollo, por lo que se encuentra en un periodo extremadamente sensible en lo que a cuestiones de comunicación se refiere; evidentemente, al detectar un elemento extraño a mí, como son las telenovelas, han saltado todas las alarmas. Haciendo caso omiso de mi pequeño J.J.Esparza interior, he continuado pegada a la pantalla.
La idea central de la serie se resume más o menos así: "soy una mujer mayor, con hijos y sin marido (las razones no me han quedado muy claras, sinceramente, he llegado a mitad de capítulo, como suele suceder con los capítulos interminables, propios de este género televisivo), he conocido a un hombre joven, atractivo y lleno de vida, del que me he enamorado porque está junto a mí mientras yo envejezco y me hace rejuvenecer". Toma ya. Ahí queda eso.
Con este emotivo argumento, se desarrolla toda la trama.

Y yo me pregunto varias cosas:
1. ¿Cómo no se ha levantado el feminismo en armas contra esta esclavitud de la mujer que reconoce que, para sentirse realizada, deseada y bien consigo misma, necesita un hombre a su lado? ¿No se basta una y se sobra para ser feliz? Incoherencias de un feminismo mal entendido.
2. ¿Qué clase de manía histérica tiene todo el mundo con eso de la edad? En serio, las niñas de diez años sueñan con tener veinte, las de veinte se comportan como si tuvieran catorce y la adolescencia se alarga hasta los treinta y cinco tacos, mínimo. Así que cuando una llega a los cincuenta y pico, como la protagonista de este culebrón, ha sido incapaz de madurar y, por supuesto, de asumir su edad.
3. ¿A quién va dirigido este programa? Ahí radica la cuestión, desde mi punto de vista. No es para las adolescentes enamoradizas que pierden el tiempo en vacaciones (entonces, televisarían algo más al estilo de "Pasión de Gavilanes"), no, es para la ama de casa media sin mucho criterio, pero con mucho tiempo libre, que no sabe qué hacer de cuatro a seis de la tarde. Y, ante quienes piensen que critico a estas señoras, que pueden hacer lo que les de la gana con su tiempo, alego en mi defensa que esto no lo digo yo. Lo dice la publicidad: Pastas Gallo, anunciadas por Silvia Jato rodeada de venga de mujeres; Algasiv, para la dentadura postiza, anunciado por una señora ya entrada en años, supermercados, cremas anti edad...
Al fin y al cabo, los publicistas tienen un único objetivo: vender. Y para ser eficaz uno debe regirse por los datos, por la realidad constatable de la audiencia, y dejarse de rollos de políticamente correcto o incorrecto. ¿Se entiende adónde quiero llegar? Estamos ante una incoherencia terrible: por un lado, se lleva la "super woman" que no necesita un marido para ser feliz ni para educar a sus hijos, y levantamos la voz y el puño para defender esta valiente actitud. Al mismo tiempo nos muestran a una señora lamentándose de su soledad sin un hombre, y nos parece algo perfectamente comprensible. Por otro lado, se habla de un amor sin fronteras de ideologías, de sexos o de edad, de "todo da igual, todo es lo mismo, somos una masa uniforme". Pero los anuncios no venden eso, sino que su público objetivo es muy específico, está analizado y estudiado por expertos, es tan concreto, tan concreto, que podríamos hacer un retrato robot (a veces, aparecen raras excepciones como yo: gente aburrida y deseosa de criticar que ve estos culebrones).
Gracias a Dios, el mundo lo mueve el dinero. Está tan valorado que la gente es capaz hasta de decir la verdad por conseguirlo. Lo que se hace por un par de duros.

martes, 8 de julio de 2008

¡que viva, que vivá!

El cielo de Pamplona se iluminó durante veinte minutos, llenando de luz a toda la ciudad. Los fuegos artificiales del 7 de Julio no defraudaron. Sorprendentes. Quizá sea este el mejor adjetivo para calificarlos. Cuando parecía que ya estaba todo inventado en el mundo de la pirotecnia y que la única posibilidad de innovación podía consistir en distintas combinaciones de las mismas herramientas, un valenciano con un par de cerillas crea algo totalmente original: cohetes que suben y bajan como si tuvieran vida propia, chorros de fuego que emergen del suelo para deshacerse entre las nubes y una memorable traca final llena de color.

Más de cuatro aplausos durante la exhibición, más de diez gritos de exclamación y más de mil bocas abiertas se mereció este espectáculo sin comparación. Un exitazo. Tiene muchas papeletas para quedar entre los finalistas de este año. Sus rivales lo tendrán difícil, muy difícil.

Por si no lo habéis detectado, este ha sido un intento de escribir con estilo más periodístico. Sigo pensando que no es lo mío (tengo una ligera tendencia a la exageración), pero está bien para pensar de vez en cuando y cambiar un poco...

domingo, 6 de julio de 2008

¡viva San Fermín!

He visto el chupinazo desde un balcón de honor. En primera línea de calle, con una masa de gente gritona, pegajosa y borracha bajo mis pies. La sensación de poder es indescriptible, pobrecitos, todos asfixiados por la ola de gente que abarrotaba las calles y yo, como el en circo romano, observándolos desde mi ventana saboreando una copita de cava... ¡Qué entrañables fiestas las de San Fermín!
Lo chungo viene cuando una baja a la dura realidad. Las zapatillas se quedan pegadas al suelo, las botellas de vino y el ketchup vuelan por los aires, los guiris pierden las chancletas y andan descalzos por la calle, para avanzar un paso tienes que clavar los codos en las costillas de -al menos- cinco personas, toda la ciudad desprende un olor indescriptible (no humano, desde luego)... Lo peor llega cuando se te acerca el típico hombre gordo, con barba de tres días, sudoroso, gruñendo cosas del tipo: "lo loro lo looooo, ¡viva San (lingotazo a la botella de cerveza que lleva en la mano izquierda) Fermín! oe, oe, oe..." La media de edad de estos especímenes, que nadie sabe de dónde salen pero que son imprescindibles en toda fiesta que se precie, ronda los 40-45, aunque el prototipo de borracho fiestero se caracteriza por permanecer anclado en los 15 años. Y el hombre en cuestión se empeña en que llevas la camiseta demasiado limpia, y aunque huyas de su lado o te refugies en una cafetería, inevitablemente acaba por ensuciarte. De vino, si es posible. Hay que fastidiarse.

Total, que el día del chupinazo, una empieza mirando a todos por encima del hombro y acaba mirándose a sí misma en el espejo sin apenas reconocerse. Y esto es sólo el primer día. Que Dios nos asista.

viernes, 4 de julio de 2008

preguntas de niños I

La niña de camiseta roja y ojos grandes me preguntó si había peces en el lago. Intenté recordar. De camino al trabajo, montada en mi bicicleta prestada, atravesaba el parque del pueblo. En mitad del parque había un lago, sí, tenía la imagen perfecta grabada en mi cabeza y, cerrando los ojos, podía verlo: grande, circular, bordeado por una pequeña valla blanca, útil como adorno pero no como medida de seguridad, con un mirador desde donde contemplar el extenso parque. Ahí estaba el lago. El lago por el que pasaba todas las mañanas antes de trabajar, y en el que nunca me había fijado. Quiero decir que no me había fijado lo suficiente como para saber si había peces en él. "¿Hay peces en el lago?", seguía preguntándome con los ojos la niña, sin hablar. Su hermano, con la espada de plástico en la mano, había parado de luchar contra un enemigo invisible y se había vuelto hacia mí, preguntándome también con los ojos. Y a mí me daba vergüenza contestar. Era fácil: sí o no. Pero no era tan sencillo. Dudé. "No lo sé", respondí al fin, algo temblorosa. Y la niña de camiseta roja abrió aún más los ojos y torció los labios, decepcionada. Su hermano se giró de nuevo y volvió a blandir su espada, pensando que era preferible salvar a la humanidad de unos malvados piratas antes que malgastar su tiempo con alguien que no sabía, ni siquiera, si había peces en el lago.