miércoles, 17 de marzo de 2010

El punto de partida

Creo que la honestidad - llevo tiempo pensando sobre esto - es el punto de partida del artista y, por eso, de su obra. "El requisito mínimo" que le pedimos a una película, a un libro, a cualquier obra de arte, es que haya sido creada con rectitud; esto es, conforme a la realidad.

Con esto no quiero decir que un autor, un creador, deba plasmar en su obra lo que cree que "las cosas son o deberían ser", como si fuera una píldora de Moralina Light para receptores desorientados. Lo que quiero decir es que el artista debe tener, al menos, un afán sincero de descubrimiento de la verdad, del conocimiento, de la consistencia de las cosas. Y, muchas veces, mostrar esta búsqueda es más interesante (y más complejo) que utilizar el arte para defender las propias ideas (una práctica habitual hoy en día y que, desde mi humilde punto de vista, suele hacerse tan mal que llega a apestar).

Pensando en ejemplos para ilustrar esta idea, me ha pasado lo de siempre: que la ficción me brinda más posibilidades que la misma realidad. Influida por la noticia del fallecimiento del gran Miguel Delibes, se me venía a la cabeza Mario, protagonista indirecto - por así llamarlo- de Cinco Horas Con Mario. Creo que es un personaje (quizá demasiado) honesto que, en medio de la sencillez de su vida, sin grandes alardes, busca el verdadero valor de las cosas y, analizándose a sí mismo y a la sociedad que le rodea, trata de desentrañar los entresijos del alma humana. Sin miedo, con la osada inquietud de los hombres justos.

viernes, 12 de marzo de 2010

El cine según Hitchcock

Es el título de un libro o, más bien, unas clases particulares encuadernadas. Me gusta leerlo con tiempo y calma, coger algún apunte y analizar las técnicas que explica Hitchcock en las películas que me gustan.

Como, por ejemplo, Misery (1990, Rob Reiner), basada en la novela homónima de Stephen King. Un escritor, Paul Sheldon, que ha alcanzado el éxito, gracias al personaje de Misery- protagonista de todas sus novelas-, tiene un accidente en la nieve. Una amable enfermera, su "fan número uno", le cuida en su casa. Sin embargo, todo empieza a cambiar cuando Ann, la enfermera interpretada magníficamente por Kathy Bates, descubre que Paul ha decidido asesinar a su adorado personaje, Misery.

Se logra una tensión que me recuerda a la archiconocida explicación de Hitchcock sobre qué es el suspense y su diferencia con la sorpresa: en el primero, el espectador sabe lo que va a pasar y, por eso, está en tensión; en la segunda, nadie sabe qué va a suceder, nadie está sufriendo por los personajes de la pantalla. (Lo explica él mismo)

Lograr el suspense es cuestión de detalles. Si uno se fija en estos dos fragmentos de la película de Reiner, puede darse cuenta de que, al final, toda la tensión está condensada en eso, en los detalles: un pingüino, una horquilla, el coche que arranca... Pura estrategia.


miércoles, 10 de marzo de 2010

Extraños




El Gabinete del Doctor Caligari es una película de 1920 dirigida por Robert Wiene y se considera una de las obras cumbre del expresionismo alemán, por su peculiar estética de contrastes, ángulos y formas cubistas.






Como ya apunté en una entrada anterior, el cine recoge la herencia de las artes pictóricas, que llega hasta hoy. En El Grito (1893, Eduard Munch), muchos han visto el reflejo del sufrimiento personal del pintor; otros, una crítica a la sociedad del momento, y, los más profundos, entienden que este es un grito al alma angustiada del hombre moderno.










Eduardo Manostijeras es probablemente el personaje que todos identificamos con Tim Burton. En esta película de 1990, se detecta el gusto del director por presentar a sus alter ego: personajes solitarios y despreciados por la sociedad.






Lo que tienen en común estas tres imágenes, entre otros aspectos, es la utilización de formas geométricas para crear la perspectiva. Las líneas parecen pesar más que las figuras. Las rectas, nos alejan de los personajes, transmiten abandono y la marginación, mientras que las curvas parecen oprimir y ahogar la imagen, creando en el espectador del cuadro o del fotograma una sensación de angustia y extrañeza. Extrañeza que se capta también en la artificiosidad de la naturaleza. Los árboles, desnudos, angulosos, amenazadores y la luz, fría, creadora de sombras inquietantes, articulan espacios abiertos que, sin embargo, asfixian a los personajes.

Unos seres extremandamente sensibles que tratan de sobrevivir en medio de la deshumanización.

viernes, 5 de marzo de 2010

Cuestiones fronterizas

Hay quienes distinguen los contenidos audiovisuales y escritos entre ficción y realidad. Esta división es errónea. Está claro que la ficción no puede abarcar todo lo real, pero eso no significa que en las historias que escribimos o vemos no haya nada verdadero. Yo diría, más bien, que la realidad se disfraza. Y es tarea nuestra quitarle la máscara. ¿No hace esto mucho más interesante la búsqueda?


http://www.youtube.com/watch#!v=1741dbNe1AM&feature=channel


En este fragmento de Fantasía (1940) Mickey da la mano al director de orquesta (del minuto 3:31 al 3:59).

En una clase de Literatura Universal me explicaron que esta secuencia se podíra considerar una muestra más del inicio de la postmodernidad... Creo que puede ser así, pero también puede significar que, por fin, ficción y realidad han hecho las paces, han comprendido que forman parte de lo mismo.

Es curioso que sea Mickey quien tire de la chaqueta del maestro, que apenas repara en su presencia, como reclamando su atención. ¿Una crítica a los "realistas"que han despreciado a los profesionales de la ficción (dibujantes, escritores, guionistas...) durante años?

lunes, 1 de marzo de 2010

El cine lento. Lento como una tortuga.

"Y sobre la hierba que bordeaba la carretera avanzaba lentamente una tortuga de tierra, sin desviarse por nada, arrastrando la alta bóveda de su concha sobre la hierba. Sus duras patas y sus pezuñas de uñas amarillas trillaban la hierba lentamente, en realidad no andando sino impulsando y arrastrando la concha por la que resbalaban las barbas de cebada al tiempo que los tréboles espinosos caían encima y rodaban hasta el suelo. Llevaba el córneo pico medio abierto y sus ojos, humorísticos y fieros, bajo cejas como uñas, miraban adelante. Avanzó por la hierba dejando un rastro batido detrás y ante ella se levantó la colina que era el terraplén de la carretera. Se detuvo un momento, manteniendo alta la cabeza. Parpadeó y miró de un lado a otro. Por último empezó a escalar el terraplén. Las pezuñas delanteras se adelantaron, pero no apoyaron. Las traseras empujaron la concha que arañó en la hierba y la grava. Cuanto más empinado se hacía el terraplén, más frenéticos eran los esfuerzos de la tortuga... La tortuga reposó un instante." (Las Uvas de la Ira, John Steinbeck)

En El Viento nos Llevará, de Kiarostami, hay una secuencia exactamente igual. Luego me acordé de Las Tortugas También Vuelan, que es una película iraní y siento que hay una conexión entre las tres historias: con su ritmo lento y su estética realista, hacen, todas ellas, una reflexión sobre la esperanza (o la desesperanza) ante el sufrimiento y el paso del tiempo.