sábado, 29 de octubre de 2011

Pesca de marisco en Filipinas

Cuando estuve en Filipinas, el capitán de uno de los barangays me ofreció su lancha para ir a alta mar y visitar a los pescadores que se levantan al amanecer y pescan durante todo el día en el Océano Pacífico. La mayoría de ellos lo hace al modo tradicional: buceando armados con un arpón, con redes... van en pequeñas barcas individuales, frágiles y poco seguras cuando el viento azota. Por eso el capitán no me dejó subir en ellas. Le pareció que una chica blanca e inexperta podría sucumbir en el agua y no estaba por la labor de meterse en líos internacionales. Normal.
Una de las formas de pesca que más me llamó la atención fue la del marisco. Clavan unos palos de bambú en el agua y esperan a que los animales se queden pegados a ellos. Crean una especie de bosque en mitad del agua.
En este vídeo también se aprecia otro aspecto que me encantó de Filipinas, y es su naturaleza. Hay una luz que obsesionaría a cualquier director de foto y una variedad de colores naturales que invita a grabarlos, como en un intento de apoderarte de ellos. Yo me quedé hipnotizada viendo el azul del agua, del cielo, del amanecer sobre las casitas de los pescadores.  Pero vedlo vosotros mismos.
No es fácil transmitir todo eso en un documental. Pido perdón de antemano por todas las incorrecciones técnicas del vídeo, hice lo que pude.

viernes, 21 de octubre de 2011

Salvaje

En un post reciente escribí sobre los videoclips de Spike Jonze y describía el interés de este director por plasmar en ellos la desorientación de la adolescencia. Pues bien, en Where The Wild Things Are (no me gusta el título en la traducción española, Donde Viven los Monstruos, 2009) vuelve a tratar este tema desde el punto de vista de un niño de unos nueve años que, cansado y angustiado por su situación familiar, huye de su casa. Max (Max Records), el protagonista de la película, tiene todo un mundo en su interior. Un mundo creado por él mismo, en el que la única regla es su propia imaginación. Pero, ¿de qué se nutre la imaginación? de una compleja sustancia compuesta de realidad, sueños, esperanzas, desgarrones y miedos. Los seres que habitan en ese mundo son salvajes, toscos, divertidos y, a veces, hacen llorar. 

Aquí se puede apreciar el trabajo de Lance Acord, que fue el director de fotografía 
en las películas anteriores de Jonze y en algunas de Sofia Coppola y cuya
 obra merece un post para él solo. 

El inicio de la película es sobrecogedor. El primero es un plano subjetivo rodado cámara en mano: alguien corre como loco por las escaleras. Spike Jonze pone al espectador en el punto de vista del niño a través del cual se narrará la historia, quiere que nos identifiquemos con él, que sintamos la emoción que siente un chaval persiguiendo a un perro o jugando solo en la nieve y que nos entristezcamos igual que él cuando su hermana le ignore y que compartamos su rabia cuando uno de sus amigos nos destroce nuestro iglú, nuestro refugio, que tanto esfuerzo había costado construir. Llevamos solo diez minutos de película, estamos totalmente sumergidos en el personaje, comprendemos sus conflictos y ya hemos hecho un recorrido emocional inimaginable en una película de fantasía. Jonze ha derribado el primer prejuicio de la película mostrándonos que Where The Wild Things Are no es una historia infantil ni un cuento de hadas al estilo Disney (en el peor de los sentidos). Poco a poco, va abriendo la mente del espectador o, más bien, la va adaptando a la de un inteligente y sensible niño de nueve años incapaz de asumir que las cosas no son como le gustarían. Y, durante 101 minutos, nos hacemos pequeños de nuevo, gritamos, pataleamos, creemos en lo inverosímil y jugamos.

También bailamos una danza salvaje en mitad de un bosque. Somos animales. Aullamos. Nos herimos unos a otros. Corremos sin parar en una carrera frenética que es a veces una huida y a veces el único camino de volver a casa. La banda sonora de Where The Wild Things Are crea un mundo propio, un espacio habitable; se nota la experiencia del director en los videoclips. Utiliza la música no solo como mero acompañamiento, sino que expresa emociones que, de otra forma, serían difíciles de transmitir. Como al final de la película, por ejemplo, cuando todos aúllan al unísono. No hacen falta palabras. Los salvajes se entienden entre ellos.

Si aún no os he convencido para ver la película, dejo aquí el trailer cuya música, por cierto, es de Arcade Fire. Sí, los del cortometraje aquél.


En algunas partes de la película donde la música tiene mayor presencia, no he podido evitar pensar en una canción de una banda venezolana muy joven, que está de gira por Estados Unidos y a la que admiro: La Vida Boheme. La canción a la que me refiero es la de El Buen Salvaje. Al igual que sucede con algunas de las canciones de Where The Wild Things Are, me suena como a una especie de himno, un grito de furia y liberación, espontáneamente coreado por un grupo de niños no incomprendidos, sino incapaces de comprender. 

Os dejo aquí la canción de El Buen Salvaje para que juzguéis por vosotros mismos. La Vida Boheme ha sido recientemente nominada a Mejor Nueva Banda del Mundo por MTVIggy. Si os gusta, podéis votarla en este enlace.


Y os dejo la canción de Animal, del soundtrack de la película, de Karen O and the Kids.



He leído algunas críticas de FilmAffinity porque esta película me ha gustado muchísimo, así que quiero saber qué piensan otras personas. Le dan un 6,1 pero yo creo que se merece más. Es difícil que guste a los detractores de la fantasía y a quienes no traguen lo que huela a indie pero creo que por encima de eso, es una buena película.

La última aportación de Spike Jonze al mundo audiovisual salió a la luz hace poco en el blog de Filmin. Se trata de un vídeo animado en stop-motion que el director ha realizado con Olympia Le-Than, diseñadora de bolsos, complementos... hechos por ella misma. Pero también hace tapas de libros y, ahora, muñequitos de fieltro para el cortometraje Mourir Auprès De Toi (Jonze, 2011). En la página web de Le-Than podéis ver un poquito del making off.

Y, hablando de websites, os recomiendo que visitéis la página web de Where The Wild Things Are. Hay una pestaña de juegos donde se pueden hacer puzzles de tres niveles de dificultad, tirar bolas de barro a los monstruos... Back to childhood!

martes, 18 de octubre de 2011

Recomendación

Es genial pasearse por Internet como por un mercadillo y descubrir blogs, webs y gente que habla de lo mismo que le apasiona a una, gratuitamente, con más o menos profesionalidad, con más o menos sabiduría. Siempre he visto este blog como una forma de compartir conocimientos, divertirme y aprender un poquito. Si tenéis esta misma idea y si os gusta leer sobre cine y arte deberíais leer Siguen Sin Pagarme, el blog de Juan José Cerecero, el hombre que se encuentra detrás de la cuenta de twitter de Bukowski y que colabora con sus entradas del blog en TheCoolNews, un portal de tendencias y novedades. Creo que merece la pena echarle un vistazo y escuchar algo de la música de Cerecero.

Hablando de música, mientras escribía esta entrada, escuchaba People Eating Fruit de Caribou




Aquí podéis ver un mini documental sobre Caribou realizado por la BBC, en el que el músico explica de dónde se inspira para crear y cómo intenta que su música, compuesta en un cuartucho con una máquina, no suene como un ordenador. Lo consigue. Vamos, que no lo consigue, quiero decir. Que suena increíble.

jueves, 13 de octubre de 2011

Relato


Dobló la esquina de la página y se dio cuenta de que las hojas ya no eran hojas, de que aquel libro negro ya no era un libro y sintió que todo se había desintegrado, que quizá era la última vez que volvía a ver el mundo como siempre lo había visto, que las yemas de sus dedos ya no tocarían la superficie de las cosas con la misma intensidad, que los olores ya no le traerían las memorias de antes, como si todas sus sensaciones previas, su conocimiento del mundo desapareciera de pronto. Y no sabía cómo iba a ser a partir de ahora.

Un agujero negro se abrió en el suelo y empezó a desintegrarse. Y se vio a si misma desde el borde del agujero mirando hacia abajo como si buscara algo en el fondo del pozo, moviendo la cabeza de lado a lado, bordeando el pozo, viéndose en el agujero, cayendo, sin fondo, sin suelo, sin nada.

Fuera, apareció una columna de petróleo que ascendía hasta el cielo. Una nube negra cubrió el cielo y la casa y todos gritaban como si aquel petróleo significara algo, como si aquel líquido apestoso, denso, pegadizo fuera a solucionar algo mientras ella caía. Fuera todos seguían gritando, sin que ella pudiera moverse, sin que ella pudiera hacer nada más que seguir cayendo.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Vila-Matas. Espacio. Pensamiento.

Hoy en su columna, Vila-Matas habla sobre la "epifanía", ese momento de revelación que asalta, principalmente a los artistas y sabios, después de un largo trabajo y que suele darse en lugares muy concretos, habitualmente alejados del mundanal ruido.
La columna lleva por título "Lugares para pensar" y termina con una leve crítica a nuestro mundo, en el que - considera el autor- faltan espacios para el pensamiento, lugares donde recluirse a solas con uno mismo.
Entiendo lo que dice Vila-Matas, suscribo sus argumentos y comparto esa necesidad de "hibernar" de vez en cuando. Pero da la sensación de que hay que irse a una cabaña para poder pensar. Quizá para genios como Wittgenstein o Salinger fuera así pero, ¿qué pasa con nosotros, pobres mortales?

Supongo que cada cual tendrá su espacio. Y supongo que cada espacio dependerá también del momento en que uno se encuentre, del tiempo, podríamos decir, y podríamos indagar más aún en esa relación espacio - tiempo, tan, tan interesante. Sin embargo ahora no toca.

¿Cuál es mi espacio para pensar? Me vienen dos lugares a la mente: la iglesia y los museos. Lo de la iglesia era bastante evidente porque se crearon, en parte, para eso. Lo de los museos... ya es más controvertido porque ¿realmente se puede alcanzar algún tipo de elevación en un museo masificado, donde la gente cuchichea, habla por el móvil, se hace fotografías junto a los cuadros poniendo caras "graciosas"..? ¿Qué parte de nuestro cerebro trabaja en un museo? ¿Se puede aprender? ¿Y en una iglesia? 

Son edificios que... no son fábricas. No son viviendas. ¿Ocio? Me parece rebajar su función. Lo que encuentro en común es que ambos invitan a la contemplación, al silencio y, sobre todo, a la humildad. Son como oasis en medio del desierto. No, al revés, como oasis de desierto en mitad de la ciudad. 
Como veis, sigo pensando. 


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