domingo, 23 de diciembre de 2012

Feliz Navidad

Que le dibuje un cordero. Ahora que se me ha roto el avión y no sé qué va a ser de mí, que estoy perdido en mitad del desierto. Quiere que me ponga a dibujar, como si no tuviera otra cosa que hacer. 

Que le dibuje un cordero, dice. No sabe que abandoné mi carrera de dibujante hace años. Mi boa parecía un sombrero. Pero él no lo sabe. Y no sé cómo explicarle que no vale la pena, y que deje de mirarme esperando que haga algo. Porque yo no hago nada. Como mucho, soy piloto. ¡Piloto! Ahora, además, un piloto sin avión.

Ahora me pide otro. Encima de que le dedico tiempo, que cojo un lápiz después de años sin dibujar, no le gusta mi cordero. ¿Qué le debo yo a este niño raro, exigente, caprichoso? ¿Me va a ayudar a llegar a mi destino? ¿Va a conseguir una pieza para mi avioneta? No creo. Nunca se sabe. Por si acaso le dibujaré otro para que se calle y me deje en paz. 

¡Otro cordero! ¡Nada le parece bien! Vale. Igual es cierto. Igual este cordero no era tan bueno, parecía más un carnero. La verdad es que ni siquiera estoy pensando en el cordero. Tengo demasiadas cosas en la cabeza para pensar en corderos. Nunca me han interesado. Me gustan las serpientes. Pero ya que me lo pide, ya que no tengo otra cosa que hacer, voy a sentarme y dibujarle otro. ¿Quién sabe? Puede que me salga bien esta vez.

Otro fuera. Se me está acabando la libreta. Y la paciencia. Tengo otras cosas en las que pensar. Dice que es viejo, que no va a durar mucho... Pues si quiere un cordero, si de verdad necesita tener un cordero, que lo piense él, que lo dibuje él. Que no me lo cargue a mi. Ya le he dicho que no sé dibujar. Y sigue empeñándose. Pues... pues... que se lo invente. Me lo inventaré yo por él. Será un cordero como él quiera, o como yo quiera, o como lo quiera cualquiera que vea el dibujo.
- En esta caja está tu cordero.

El principito convirtió al piloto en artista. 
El piloto se convirtió en artista obedeciendo.
Nadie pidió explicaciones.
Porque el misterio era demasiado grande.

(una felicitación de alguien que, de verdad, no sabe dibujar)

sábado, 15 de diciembre de 2012

El zoom en la herida

Entrada dedicada a Rocío

Hacía tiempo que estaba pensando en escribir un post sobre el sufrimiento. Más concretamente, sobre la representación del sufrimiento. 

En junio vi la película El Árbol de la Vida. Hace poco, leí La Naranja Mecánica, que me hizo reflexionar sobre la violencia. Llegué a la conclusión - bastante obvia, por otra parte, pero voy poco a poco - de que la violencia y el sufrimiento se relacionan pero son dos conceptos distintos. Luego, me enzarcé en una pequeña discusión sobre algo que compartió un amigo de la carrera en su muro de Facebook. Era una entrevista al hermano de una de las chicas que murió en el Madrid Arena. Ahora, Newtown.

Así que tengo mil ideas en la cabeza, entre realidad, ficción y periodismo - que, lo queramos o no, es una mezcla de las dos. Porque coge la realidad y te la vuelve a contar. Y cuando uno cuenta algo, re-presenta, vuelve a hacerlo presente, pero no es la realidad misma.  

Parece que quien mejor informa es quien tiene el primer plano, el zoom en la herida. Si cada plano que se filma, cada foto que se toma, cada línea que se escribe fuera ponderada como una cuestión moral, creo que tendríamos una cultura (visual, intelectual) que de verdad nos ayudaría a vivir. Al menos, a quien hace la foto, escribe la frase o graba la imagen. Y eso ya sería un paso.

Se nos olvida - se les olvida - que el sufrimiento es un misterio y que entender las reacciones ajenas ante un mismo suceso, es el proceso de catarsis más difícil que existe ("yo no hubiera hecho eso", "no hay que ponerse así", "si yo fuera él...") Toda representación debería ser consciente de ese misterio. Así en lugar de lanzarse sobre él para rajarlo, destriparlo, empaquetarlo y etiquetarlo para que no dé miedo, para que no parezca incontrolable, nos iríamos aproximando a él poco a poco, intentando entender y buscando la mejor forma de acercarse a los sentimientos del otro. No a nuestra visión de como "debería" sentir el otro.

El mejor periodista no es siempre el que corre hacia la noticia, pisando todo lo que encuentra en el camino. A veces es el que calla, observa y, donde otros ven una carrera de obstáculos, él ve pistas que ir siguiendo. Quien más sufre no es siempre quien más grita.


En 2010 estuve en el nuevo edificio del New York Times. En una pared enorme tenían varias fotografías del 11-S. Muchas correspondían al "imaginario colectivo" que ya todos tenemos en la cabeza de aquel día: humo, gente gritando, muy pocas heridas (sobre todo comparadas con las que solemos ver de los atentados en Oriente Medio) pero muchas camillas, edificios, banderas, bomberos. Cuando, en el NYT, volví a ver aquellas imágenes que tanto me impactaron en el día del atentado, no me causaron tanto efecto como otra bien distinta: era una imagen de un policía (un alto cargo) durante el funeral o recuerdo de las víctimas. Impoluto, con su traje oficial, haciendo el saludo militar, con un guante blanco y los ojos cargados de lágrimas. No lloraba. Pero el sentimiento de tristeza e impotencia, de rabia contenida y desesperación, era evidente. Comprensible. Contagioso. De pronto, años después, una fotografía tomada días después del atentado hizo que entendiera por qué Estados Unidos necesitaba vengarse de aquel ataque. 

Cuando se nos informó del 11-S no se nos transmitió la imagen de un policía incapaz de garantizar la seguridad de los ciudadanos, fracasado, humillado. Se nos transmitió una imagen estereotipada de lo que todos entendemos asociamos a "atentado". Por eso nadie jamás entendió que los americanos apoyaran la guerra. 

No digo que esté a favor de lo que pasó (lejos de mí apoyar cualquier política internacional de Bush, ¡lejos!)
Digo que no se nos hizo conscientes de lo que sentía el pueblo americano en ese momento. El sufrimiento de cada persona, de cada estado, de cada sociedad, de cada momento, es distinto. Los medios no supieron comunicar ese matiz. El matiz del día después. Que parecía indiferente, que se daba por hecho, pero que explica el apoyo a una guerra y la venganza. 
Cuando se nos habla de las guerras (sobre todo de las que caen en la otra punta del mundo), de las tragedias (como Fukushima) se nos habla de política o, como mucho, se acumula un testimonio tras otro, creando sentimientos de cartón piedra en el espectador / lector. Narrar el dolor compromete al periodista, le involucra. Y uno no puede involucrarse. No puede sentir. No vaya a ser que el misterio sea demasiado grande. No vaya a ser que no pueda entenderlo. No vaya a ser que tenga que escribir algo desde dentro, con su propia sangre. El periodismo está perdiendo entrañas.

Sé que es una tarea difícil, por eso admiro a quien se la carga sobre la espalda, y admiro doblemente a quien se esfuerza por hacerlo honradamente. Es una tarea para valientes que no hacen un zoom sobre la herida, sino que caminan y se paran ante ella para observarla cara a cara.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Interpretación

No sé a quién escuché o dónde leí o cuándo pensé que "toda traducción es una interpretación". Sería Umberto Eco algún día a las 10 de la mañana. 
El caso es que la dichosa frasecita no para de aparecer en mi cabeza cada vez que escribo, hablo o pienso en inglés; como un mantra cosido a las palabras. Porque veo - lo veo, lo veo - la pérdida o el enriquecimiento de significado en las expresiones y adjetivos. Y me pregunto si hay interpretaciones más acertadas que otras. Porque, por mucho que Google Translate se empeñe, no es lo mismo decir 'creepy' que escalofriante. Será la estética, será el uso social de la palabra, será que lo que sea, pero no es lo mismo. 

Esta semana estuve en la exposición-homenaje de La Naranja Mecánica (A Clockwork Orange - novela), que ha cumplido cincuenta años. Porque, sí señores, Anthony Burgess nació en Manchester. Así que no podía no ir.

Me leí el libro y fui a la exposición. El libro me gustó mucho, mucho. Burgess se inventa palabras. Se inventa palabras porque quiere expresar cosas, quiere caracterizar a un personaje, y las que hay en el diccionario no le bastan. Así que se va al ruso. Al ruso urbano, slang.Y del ruso las traduce - no al inglés, sino a su personaje. Y se entiende. ¡Se entiende! Es legible y emocionante. Os prometo que leer 'devotchkas with long hair and high collars' hace que te imagines a un tipo llamándote devotchka, con algo de desprecio y algo de admiración y algo de miedo adolescente; y leer 'the door went squeeeeeeeeeeak and then...' te hace escuchar el crujido de la puerta como si estuviera abriéndose en tu habitación y fueran a entrar unos chavales con máscaras. Y cuando acabas el libro solo piensas que el libro es real horrorshow y que te va a estallar la gulliverO brother.

Para rizar más el rizo, resulta que del libro que escribió Burgess con sus palabras interpretadas del ruso, Kubrick hizo una adaptación. Es decir, la interpretó de nuevo. Y llegaron los problemas.

El mismo Burgess lo dice: 'to tolchock a chelloveck in the kishkas does not sound as bad as booting a man in the guts' (tolchock a un chevolleck en los kishkas no suena tan mal como patear a un tipo en los intestinos). Lo que pasa es que en la película de Kubrick no se ve el tolchock sino las patadas. Unas patadas preciosas, vale. 
Si se ha seguido el razonamiento hasta aquí, estaríamos de acuerdo en que la película es una interpretación de la novela.
Pero los problemas siguen.
Porque no creo que la película de Kubrick ni siquiera sea una adaptación de la novela, ya que en la edición americana no se incluye el final original de la inglesa. Da la sensación de que solo se la leyó una vez y arrancó el argumento de su forma original. Separó forma y fondo y creó un monstruo. ¡Ah-migos! Burgess es punk contando una historia futurista y Kubrick es electropop contando una historia punk. Como si expatriaran a Holden Caulfield de Nueva York y lo metieran en la nave de Odisea en el Espacio.
El protagonista de la novela es una interpretación de un adolescente de la realidad. El protagonista de la película es una interpretación del adolescente de la novela. Y la artificiosidad es evidente. Incluso ridícula.

Por eso - y sé que hay quienes me odiarán por decirlo - creo que el libro, con sus elipsis, con su Alex como un chaval lleno de rabia y no un frío calculador, con sus palabras con significado más allá de la estética, es mejor que la película. Mejor en sí mismo que la película en sí misma.
Ahora pienso que quizá la palabra no sea mejor. Más acertada. Más cercana a la realidad. Más verdadera... Accurate. Preciso exacto fiel correcto certero.
Digamos que el libro tiene lo que se pierde de tolchock
a booting
a patear.
Jolín con las traducciones.

domingo, 2 de diciembre de 2012

JUNK JUNCTION

Estaba hambrienta y el único sitio de comidas que había visto abierto esa noche era aquel antro, Junk Junction, escrito en letras blancas sobre la bandera de Jamaica. ¿Aquí? Aquí.
Luz fluorescente que parpadea.
Reggae.
Unas cazuelas enormes, cilíndricas, del tamaño de un niño de siete años, en el fondo del local. La cocinera negra, tarareando la canción, remueve algo en el fuego y se acerca a la barra, que parte la estancia por la mitad. Coge un envoltorio de corcho de la montaña del "take away" y pone la carne, el arroz, las alubias. Luego la salsa. Luego, la otra negra, con gafas y un gorro con orejeras envuelve el paquete con plástico. Una vuelta, otra vuelta, la salsa marronácea gotea un poco, otra vuelta. Y corta el plástico con las uñas.  Unas uñas oscuras y afiladas.  
Pegada a la ventana del local, una mesa larga con un taburete alto. No es el típico sitio en el que uno quiere quedarse a comer. Es feo y no hay nada. Solo las cazuelas, las negras, los corchos y la mesa. Y la radio. 
"¿Denisse, love, quieres que te ponga la salsa en la carne o te la llevas...?"
"No, no, me la llevo, envuélvemela"
Saca un vaso de cartón, de los del café y ahí cae la salsa verde oscura, que salpica un poco fuera del vaso. Lo tapa y la otra negra lo envuelve en el plástico. Una vuelta, dos, tres.
Mientras Denisse, que lleva una lista escrita en un trozo de papel marrón - probablemente una bolsa, o el envoltorio de algo - habla con ellas. Denisse es negra también y tiene más ojos que cara. Unos ojos muy grandes, redondos, negros.
He visto esos ojos. He olido esa salsa. He sentido esa luz fluorescente.
Nueva York. El Harlem. Años 80. Acabo de perderme en el tiempo y el espacio.
"Perdona, ¿has pedido ya?"
"Ah, eh... no. Lo siento"
"¿Qué quieres?"
"... Mire, no tengo ni idea de qué pedir y la verdad es que me da igual"
La negra del gorro con orejeras me mira y sonríe, con cariño, con algo de compasión. "Pobre blanca que no entiende de qué va el mundo" y yo sonrío un poco también "sí, esa soy yo, qué le vamos a hacer".
Decide que hoy voy a cenar cabra al curry.
A mí me da igual. Como si es rabo de mono. 
Hay lugares, hay personas, que cuando se encuentran, dejan de ser lugares y personas.
Junk Junction no es Manchester ni un sitio de comida jamaicana ni una señora negra que canta reggae.
Es una experiencia universal.
Es exodus.

domingo, 25 de noviembre de 2012

How can I explain to you?

HARRY
But how can I explain, how can I explain to you?
You will understand less after I have explained it.
All that I could hope to make you understand
Is only events: not what has happened.
And people to whom nothing has ever happened
Cannot understand the unimportance of events

(pero ¿cómo puedo explicarlo? ¿cómo puedo explicártelo a ti? entenderás menos después de que te lo haya explicado. Todo lo que podría esperar hacerte entender son solo acontecimientos, no lo que ha pasado. Y a la gente a la que nunca le ha pasado nada no puede entender la trivialidad de los acontecimientos) 

Harry es el protagonista de la obra de teatro The Family Reunion (T.S.Eliot, 1939) y está traumatizado tras la muerte de su esposa. Las Euménides le persiguen, la culpabilidad le acecha en forma de fantastama y teme el castigo terrible de las diosas griegas.
The Family Reunion me ha parecido una gran obra de teatro, que no conocía y a la que llegué por la más remota casualidad. Recuerda a la tragedia griega con su estructura marcada por los coros, el personaje está atormentado por su pasado, como Macbeth tras sus crímenes, y los diálogos (en la estructura y la forma) son más parecidos a la poesía que a la narrativa. Podría parecer una obra difícil y, en algunos casos, así se ha dicho. Pero no creo que sea verdad. T.S.Eliot incorpora todos esos elementos clásicos pero los personajes son esencialmente modernos, hay sátira, ingenio y las emociones de Harry son comprensibles- al menos, todo lo comprensibles que pueden ser las emociones ajenas. Y el teatro, en general, es increíblemente fácil de leer con un poco de concentración e imaginación. 

Siempre me acuerdo de un profesor de la Universidad que nos picaba con el teatro. "A la gente que dice no tener tiempo para leer, yo le recomiendo que coja una obra de teatro" y nos hizo leer Otelo en primero de carrera (aunque no era obligatorio, conste en acta. Que luego no se me levanten diciendo que "me obligaron a leer").
La cita que he copiado es una parte del texto del personaje de Harry que aparece en las primeras páginas. He elegido esta porque es la definición perfecta de las dos formas de contar algo que existen: como una suscesión de eventos o a través del impacto que esos eventos tienen - o no - en los hombres. 
Es lo que pasa cuando alguien te pregunta de qué va la película, o el libro o The Family Reunion o que qué tal es el tiempo en Manchester. Mi mente se queda en blanco. Y a veces lo único que puedo decir es que qué carajo importa. Que lo que pase da igual, porque se trata de las emociones o reflexiones que subyacen tras los acontecimientos o la lluvia o las palabras. 

Por eso a veces comunicarse es tan difícil. Eso es lo que dice Harry. 
Pero, como también decía el profesor que nos hizo leer Otelo, no es imposible.
El emisor puede hacer un esfuerzo de expresión y el receptor, un esfuerzo de interpretación.
No se trata de estudiar mucho. Es más... un esfuerzo intelecto-emocional.

La ventaja que tenemos los habitantes del siglo XXI es que ahí fuera hay una cantidad ingente de libros, películas, cuadros, esculturas, y un largo etcétera de creaciones magníficamente expresadas. Igual lo que nos piden es, primero, ser encontradas y después, ser comprendidas. 

Porque, siguiendo con teoría de la comunicación, todo lo que es expresado pide ser interpretado.
Cada vez que leemos o vemos algo, volcamos lo que somos y cómo entendemos el mundo y al mismo tiempo recibimos el ser o la forma de entender el mundo de quien escribió o filmó o pintó esa obra. 
Para los borricos que sigan preguntándose "pero de qué sirve, de qué sirve eso, de qué sirve ese esfuerzo, qué gano con ello" dejo que os conteste
HARRY

... I feel quite happy, as it
Happiness did not consist 
In getting what one wanted
Or in getting rid of what 
Can´t be got rid of but
In a different vision.

(me siento bastante feliz, como si la felicidad no consistiera en alcanzar lo que uno quiera o en deshacerse de lo que no puede deshacerse sino en una forma de ver diferente)


Todo esto para deciros que me he cambiado de casa. 
Las fotos son instantáneas de las estanterías de mi habitación.
Creo que no hace falta decir mucho más.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Los Beatles y eso que llaman pop


Lo mejor de este vídeo es la cara de Ringo
Mira todo el rato entre sorprendido y tronchado de la risa, como asombrado de la expectación que causan.
Y eso es lo que más me gusta, esa inocencia de "no me puedo creer que esto sea real" y "me parece que esos gritos están alcanzando un número de decibelios que nunca hubiera imaginado en un ser humano", esa torpeza de George Harrison cogiendo la guitarra, esa espontaneidad.
Ayer estuve en Liverpool

No me esperaba una ciudad tan bonita como la que me encontré. Me gustaron especialmente los edificios.
Y algo que también he visto en Manchester: adolescentes tocando en la calle.
Es algo muy habitual aquí, chavales que tocan instrumentos y forman bandas, o dúos, o lo que sea, y se lanzan a la calle a tocar. Lo he visto muy pocas veces en España y me parece que en ese sentido no tenemos una cultura musical tan amplia. Aquí la mayoría de los niños aprenden a tocar instrumentos - más allá de la horrorosa flauta dulce - y desde las escuelas se fomenta la creatividad (los profesores de arte están bastante cotizados, se les pide que además de un conocimiento teórico tengan habilidad práctica) y cada fin de semana se organizan actividades en las bibliotecas públicas para los niños - y los padres van también.
Está claro que estoy hablando de sensaciones a partir de cosas que he ido viendo, no es un estudio científico. Pero me parece que si un padre quiere ayudar a desarrollar la creatividad de su hijo, aquí lo tiene mucho más fácil.

El desarrollo de la radio y especialmente de la televisión fue crucial para el éxito de los Beatles, y de todos los artistas integrantes de la cultura pop. Los medios que utilizaban para llegar al público les definieron. Hoy seguimos en esa tendencia, pero creo que la diferencia entre la cultura pop de los años 60 y la de ahora es que entonces el espectador no era un ser pasivo ante los medios. Los Beatles inspiraron a personas de su misma generación, y eso hizo que este fenómeno musical no fuera un caso aislado sino que se siguiera desarrollando hasta hoy. Creo que ahora gran parte de la música pop es simplemente un producto de consumo, fruto de una estrategia de marketing, en el que no existe esa sorpresa inocente como la de Ringo al ver la reacción del público - ya es algo medido y cuantificado. Basta con fijarse en la aparición de Justin Bieber en el show de David Letterman. Nada que ver. Y no creo que sea falta de talento.
Pienso que lo máximo que inspiran muchos estrellas del pop actuales, al margen de Madonna y Michael Jackson (su muerte fue la muerte de una era), no es creatividad sino mera copia. De ahí la moda de las covers en youtube. Creo que las canciones de los Beatles eran auténticas, y eso movió a gente de su generación, y generaciones posteriores a buscar su propia originalidad.


"La culpa es de la industria"
Sí y no.
Mirad a Hockney.
Un artista que pinta con iPad. En su obra, el medio, las nuevas tecnologías, son fundamentales. Pero no es solo eso. No es solo el hecho de que pinte con iPad sino que se sirve de esa herramienta para expresarse, de una forma distinta a como lo haría cualquier otro.
"Hockney está en un museo y no en la televisión"
Por eso. La industria ya no es excusa. Hoy por hoy todo el mundo tiene acceso a un iPad, pero no todos hacen lo mismo con él. Todo el mundo tiene acceso al museo, y a internet. Es el espectador el que tiene que ser más activo: en la búsqueda y después de encontrar lo que le gusta o le inspira.
Generalizando, creo que necesitamos una sociedad más creativa para salir adelante y generar una cultura diferente. O nos atascaremos en la copia. Los Beatles, me encantan; pero ya no están. 
"¿Y qué hay ahora?"
Creo que esto. 

"¿Pero esto no es indie?"
Igual el indie es el nuevo pop.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Video postales de Blackpool

Llevo casi un mes intentando acabar el libro To The Lighthouse, de Virginia Woolf. En inglés. Pura descripción, escritura experimental y stream of consciousness (algo así como monólogos interiores). Interesante, pero agotador. 

Estaba ya a punto de renunciar y cambiarlo por Mujercitas, cuando Judith me propuso ir a Blackpool, a una hora de Manchester, cerca del mar.




Creo que ahora empiezo a entender el libro. Y voy por la página 70.

domingo, 28 de octubre de 2012

Where you want to be

"We all want progress. But progress means getting nearer to the place where you want to be".
Todos queremos progresar. Pero progesar significa acercarse más al lugar donde quieres estar.

Esto dice C.S.Lewis sobre el progreso en una de sus charlas emitidas en la BBC y recogidas en el libro Broadcast Talks que he tenido la oportunidad de leer recientemente.

Llevaba tiempo preocupada por el tema del progreso. Bueno, por la crisis. Pensando hacia dónde vamos y cómo, si por la izquierda o por la derecha, y qué nos cargaremos en el camino, si la educación o la sanidad o la fe o la creatividad, o si acabaremos con la avaricia y el consumismo, o si que unos ganen implicará siempre que otros pierdan. La verdad es que, metida en el tema, leyendo artículos, tratando de dibujar un mapa mental de cómo hemos llegado hasta aquí, qué caminos son los adecuados para seguir y cuáles no... se me había olvidado pensar en lo que dice Lewis. En "where you want to be". 

No sé lo que quiere ser España, no sé lo que quiere ser Europa (que sí, que en Manchester también hay crisis, por mucho que los españoles emigren a Inglaterra pensando que es El Dorado). Nunca he creído que queramos ser América. El capitalismo. Y tampoco que queramos ser Rusia. El comunismo. Los dos nos horrorizan, los extremos nos espantan. Hemos creado una mezcla, una utopía propia: el estado de bienestar, que todavía no lo entiendo muy bien y hay cosas que no acaban de encajar, así que me mantengo en mi postura escéptica hasta que se demuestre lo contrario.

Pero no quería hablar de la crisis ni de nada parecido a la política sino de la industrialización, del paisaje urbano, de L.S. Lowry y de Vallete
El caso es que cuando voy al Museo de la Ciencia y la Industria de Manchester me doy cuenta de que todos los inventores de finales del XVIII creyeron que la máquina de vapor era el auténtico progreso, y las máquinas textiles, y luego los ordenadores, y las nanopartículas... Después, en la galería de The Lowry contemplo los cuadros de mediados del siglo XX de este artista: masas de gente en las calles yendo y viniendo de trabajar, con gesto cansado, encorvados por las deudas a las que tienen que hacer frente, solos, peleándose con la vida y con el frío... Y luego miro las postales que compré de los cuadros de Vallete, anteriores a Lowry, que aún conservan algo de la esperanza y el romanticismo del siglo anterior pero que anuncian la tristeza y angustia que traería después... Siento que todo lo que se transmite en estas imágenes y personajes del pasado podría aplicarse tanto a una ciudad en una era post-comunista como post-capitalista como post-estadodebienestar o post-moderna, porque creo que aún no hemos superado la industrialización.
Desde que nació la locomotora, hace dos siglos, seguimos creyendo en el progreso, en el avance, en el perfeccionamiento por el simple afán de tener más, de estar mejor, de llegar antes, lo último de lo último. Aunque nos acabe hundiendo. Corríamos, nos hemos parado, y no sabemos por dónde seguir. Creíamos en el progreso, pero nos quedamos con el "getting nearer" y olvidamos el "where you want to be".
Si me preguntáis que dónde quiero estar, os diré: ahora mismo, hoy, aquí mismo, parada, apoyada en una esquina, pintando un cuadro y observando el paisaje de la ciudad y el paisaje del mundo, pensando que las máquinas, el humo, las chimeneas, las farolas, las bicicletas y los trenes son artefactos hechos por el hombre y poseen la belleza del constructo humano, reflejan la realidad y el sentimiento del hombre en la era post-industrial; en un entorno en el que la presencia humana es el único resto que queda de naturaleza.
El progreso no deja de ser terriblemente humano.

















Después de publicar esta entrada he leído un texto de Benedicto XVI en el que habla de los hombres sin fe y sin esperanza como "mendigos del sentido de la existencia". Mirad el cuadro de aquí arriba, el del circo, y decidme si hay una descripción mejor para los personajes que aparecen. Mendigos del sentido de la existencia. Mendigos - genes de barbas largas y blancas de las ciudades que viven y crecen y no saben adónde van.

sábado, 13 de octubre de 2012

Niños

En Manchester todos los edificios son de ladrillo rojo.

Hay muchas personas que odian la rutina porque creen que mata el alma y la creatividad. Puede ser. Pero también puede tener el efecto contrario. Hay cosas que se disfrutan más cuando se las mira de cerca, varias veces, en distintos momentos del día, o del año, o de la vida.
Por ejemplo, la palabra libélula. Es una palabra bonita. Y el animal es bonito también, creo. Sin embargo, si uno repite esta palabra varias veces, la descompone y descontextualiza (libélula, libélula, li be lu la, libe lula, li belu la) puede llegar a percibir otras connotaciones que en un primer momento no aparecerían. Por ejemplo, ahora me doy cuenta de que libélula suena a árabe; desconozco la etimología de esta palabra, pero pienso que podría perfectamente designar cualquier otra cosa - una especie de banqueta, quizá, o una prenda de ropa. Incluso un nombre de persona. Libélula Amenábar. O, mejor aún, igual no significa nada. Como si fuera una palabra-souvenir. Algo que uno tiene en algún sitio de la casa por si le apetece mirarlo de vez en cuando. De vez en cuando podríamos decir "libélula" sin venir a cuento, solo porque nos apetece.
Es fácil disfrutar de lo excepcional, pero también hay belleza en las cosas rutinarias, y las redescubrimos cuando nos detenemos para observarlas. Los fenómenos naturales inmediatos (los parpadeos, las lágrimas, los bostezos) o las interactuaciones entre dos objetos engrosarían la lista (los imanes del frigorífico, los grifos y el agua, el velcro que se pega y despega).
También los días. Hay días que por sí solos podrían no ser especiales, pero si uno los saca del "montón", los escudriña y analiza, pueden volverse únicos. Esto entra dentro de la teoría del redescubrimiento. Re-des-cubrir. Suele pasarnos con aquello que supimos en algún momento, probablemente en la infancia, que quedó cubierto por el tiempo y que ahora necesitamos recordar.
El cumpleaños.
Supongo que al cumplir un año, alguien pensaría "¿por qué todo el mundo se ha vuelto loco de repente y me regala todo esto? Igual soy especial" y seguro que llegaría a conclusiones apasionantes sobre la naturaleza humana. Pero es imposible acordarse. Luego, con el paso del tiempo, te vas acostumbrando. Te acostumbras a tener un día excepcional. Hasta que un seis de octubre, por ejemplo, te paras y repites varias veces: hoy es mi cumpleaños. Hoy. Mi. Cumpleaños. Hoy es mi... cumple. Y cuando llegas a la conclusión "cumple" es inevitable emocionarse un poco.
Porque cumple suena a infancia. Y de alguna forma re-descubres aquello que pensaste con un año.
Entonces, se te permite ser niño de nuevo. Es el día de asueto de los adultos. 
Redescubres la tarta de chocolate, provocas una extraña sensación en la gente, que les lleva a cantar en tu cara y dar palmadas al compás, algunos se sorprenden al verte y recuerdan que hoy. es. tu. cumpleaños. De alguna forma, te redescubren también. Y tú a ellos. 
Es un día al año en el que uno puede pararse, darse cuenta de que, efectivamente, es el centro del universo, reclamar la atención de la gente y no ser egoísta al hacerlo porque, simplemente, está redescubriendo que es un niño.
Aunque suene a tópico, creo que por eso los artistas tienen la capacidad de comprender de forma distinta la realidad en la que viven, y llegar a conclusiones que se les escapan a los adultos. Lo dijo ya Saint-Exupéry. Para mí, esta intuición quedó demostrada en Bristol, la ciudad donde celebré mi redescubrimiento y donde se permite que los niños pinten en las paredes.









Por eso, cuando alguien dice "ladrillo rojo, ¡qué horror!" suelo pensar "bueno, depende de quién lo mire". Pero no digo nada y sigo comiendo mi tarta de chocolate.

domingo, 30 de septiembre de 2012

Portland St/Chorlton St

Escribo desde una parada de autobús.
Me fascinan los autobuses urbanos. 
Me fascina recorrer la ciudad sentada observando riadas de gente que camina, que habla, que sube al autobús y baja, que mira en silencio, madres con niños, borrachos, abuelas.
Las rutas de los autobuses son los vasos sanguíneos de las ciudades. 
Las ciudades son seres vivos con una biografía, una forma de ser y un ADN. Las personas son sus genes.
Y a mí me gusta analizarlos.
En mi análisis subjetivo, superficial e impreciso, ya hay varios grupos de viajeros-genes clasificados.
Encabeza el listado el grupo de mendigos.
Pero no me refiero a cualquier mendigo de los que pueblan las estaciones de tren y las esquinas de las grandes avenidas, sino ese grupo más reducido y que puede pasar fácilmente desapercibido en Manchester: los hombres de barba larga y greñas con un brillo de genialidad en sus ojos, de esa genialidad próxima a la locura, que a veces asusta y a veces enternece.
Hoy me he encontrado con dos. 
Uno era un pasajero del autobús. Llevaba una pipa en el bolsillo derecho y un paquete de tabaco en el izquierdo. Lo sé porque ha cargado la pipa durante el trayecto hasta Southern Cemetery, donde se ha bajado. Southern Cemetery es un cementerio enorme, precioso, abarrotado de lápidas por el que paso casi todos los días. Hipnotizada como estaba, viendo las manos blancas, callosas, huesudas del mendigo barbudo aplastando el tabaco, he tenido un impulso repentino de seguirle. Pero se me ha pasado enseguida. Me lo imagino caminando entre las lápidas sosteniendo la pipa con los labios, maldiciendo a los muertos y escupiendo de vez en cuando.

El segundo barbudo del día llevaba gafas. Unas gafitas pequeñas y redondas como las de John Lennon. Igual es él, no está muerto y sigue aquí, he pensado cuando, en la parada, se ha girado hacia mí y me ha preguntado si había llegado el autobús 23. Faltaban diez minutos. "He perdido el anterior por unos pocos minutos, por dos minutos, he visto cómo se iba". Se sienta con un gesto de resignación, estirando las piernas. Lleva calcetines fucsias con rombos amarillos, deportivas blancas, un pantalón marrón de pana, un jersey polar azul y su cabeza es puro pelo blanco seco y desaliñado.

De pronto, tiene una idea. Lo noto porque me mira y sonríe un poco antes de decirme: "si me voy, seguro que aparece el autobús". Me río, porque me asombra que esa teoría sobre los autobuses sea algo universal y porque él parece creer firmemente en ella y quiere demostrarme que es verdad. "Me voy a ir y el autobús va a aparecer". Sale de la marquesina y camina unos pasos. Se gira. Aparece un autobús. El mendigo barbudo suelta un grito de emoción, me mira, se ríe, me fijo en que lleva las gafas casi en la punta de la nariz. Empieza a hacer señas al autobús. Es el número 16, pero él ni se da cuenta. Yo me río en silencio, algo cruel y algo triste. El conductor para y el mendigo le explica que esta esperando al 23, que lo siente, se ha equivocado. Vuelve al asiento de metal de la marquesina. Llega una señora elegante. El mendigo le pregunta si está esperando al 23, ella dice que sí y él vuelve a lanzar una teoría: "cuando dos personas o más esperan al mismo autobús, el autobús aparecerá". Me recuerda a la máxima evangélica, y me parto. Unos minutos después, el mendigo, impaciente y empeñado en demostrar su teoría decide salir de la marquesina y alejarse para que llegue el autobús. Se aleja, se aleja, se aleja... Y llega el 23. La señora y yo subimos. Durante el viaje busco al mendigo desde la ventana, "dónde se habrá metido. Ahora volverá a la parada y dirá que ha perdido el autobús por dos minutos... Y tratará de demostrar su teoría otra vez y otra vez volverá a perderlo." 


Algunos, científicos, amantes de los cálculos y los datos empíricos, dirán que el autobús llegaba en diez minutos y punto.
Yo digo que, igual que mi clasificación de los genes-viajeros que habitan Manchester es tan subjetiva que resulta irrefutable, nadie sabrá nunca si el autobús vino porque le tocaba o porque el mendigo se alejó lo suficiente. Digo más. Quizá la única función de ese gen sea alejarse para que los demás puedan subir al autobús y la ciudad siga viviendo.

sábado, 22 de septiembre de 2012

Percepción


Un rayo de luz te taladra el párpado izquierdo. Notas cómo te arde la retina. El reloj marca las 7.30 a.m. Es sábado. En cualquier ciudad de cualquier país del Mediterráneo la reacción normal hubiera sido soltar un par de tacos, arrebujarse de nuevo y tratar de conciliar el sueño.
Pero esto es Manchester.

Te levantas de la cama de un salto. Pones la radio a todo volumen y suena Summer of 69. Imitas a Bryan Adams con una guitarra imaginaria mientras bajas la escalera en pijama. La hierba del jardín de atrás está más verde que nunca. Contemplas ensimismada las gotas de rocío en las hojas de los árboles a través del cristal de la cocina, bebiendo sorbito a sorbito un zumo de naranja. Un gato ronronea. Y piensas "ya era hora de que saliera el p. sol en esta p. ciudad".

Los dos tacos mañaneros no me los quita nadie, pero la verdad es que ha sido un día muy bonito, qué queréis que os diga. Y he aprovechado para ir a Fletcher Moss Park. Un jardín botánico enorme que está a veinte minutos de donde vivo, en Didsbury. Otro día os hablaré de Didsbury, porque en realidad esta entrada no tiene nada que ver con Manchester, ni pretendo describiros todo el jardín, ni contaros batallitas de guiri en apuros. Quiero escribir sobre el libro de Salinger, aquel del que os hablé la semana pasada.

Pero para los curiosos que se quedan con las ganas de ver el parque, dejo un breve reportaje gráfico, más currado que el anterior, conste en acta. 
Los interesados en mi pedrada sobre el libro, podéis ir directamente al texto del final.












En Raise High the Roof Beam, Carpenters. Seymour: an IntroductionSalinger dedica ochenta páginas para describir a Seymour según el punto de vista de su hermano menor, Buddy, que aún está superando el suicidio del que, según él, era un auténtico poeta. Aunque no hubiera escrito una línea de poesía.

"I said that not one God-damn person, of all the patronizing, fourth-rate critics and column writers, had ever seen him for what he really was. A poet, for God's sake. And I mean a poet. If he never wrote a line of poetry, he could still flash what he had at you with the back of his ear if he wanted to".

La primera parte del libro sigue una estructura más o menos cronológica, pero la segunda parece más un ensayo que una narración propiamente dicha. En un momento dado, Buddy cuenta la influencia que la poesía japonesa y china tuvo en su hermano Seymour. Entonces hace la siguiente reflexión:

"It's generally agreed that Chinese and Japanese poets like simple subjects best, and I'd feel more oafish than usual if I tried to refute that, but 'simple' happens to be a word I personally hate like poison, since - where I come from, anyway - it's customarily applied to the unconscionably brief, the time-saving in general, the trivial, the bald, and the abridged. My personal phobias aside, I don't really believe there is a word, in any language - thank God - to describe the Chinese or Japanese poet's choice of material."

La idea central es que la diferencia entre los poetas no está en los temas que tratan sino en su forma de percibir la realidad.
Y pensando en estas cosas en Fletcher Moss, me he acordado de los poetas metafísicos ingleses que estudié en clase de Literatura Inglesa. En concreto, de un poema de William Blake sobre un cordero, y de John Donne.
Aunque me encanta el poema del cordero, creo que este de Donne viene que ni pintado para ilustrar la teoría de la percepción.

Comparad lo que piensa el común de los mortales con lo que pensaba John Donne mientras el rayo de sol le taladraba el párpado. En inglés.


LA SALIDA DEL SOL
Viejo necio afanoso, ingobernable sol,
      ¿por qué de esta manera,
      a través de ventanas y visillos, nos llamas?
      ¿Acaso han de seguir tu paso los amantes?
      Ve, lumbrera insolente, y reprende más bien
     a tardos colegiales y huraños aprendices,
      anuncia al cortesano que el rey saldrá de caza,
      ordena a las hormigas que guarden la cosecha;
      Amor, que nunca cambia, no sabe de estaciones,
      de horas, días o meses, los harapos del tiempo.

¿Por qué tus rayos juzgas
      tan fuertes y esplendentes?
      Yo podría eclipsarlos de un solo parpadeo,
      que más no puedo estarme sin mirarla. 
      Si sus ojos aún no te han cegado,
      fíjate bien y dime, mañana a tu regreso,
      si las Indias del oro y las especias
      prosiguen en su sitio, o aquí conmigo yacen.
      Pregunta por los reyes a los que ayer veías
      y sabrás que aquí yacen Todos, en este lecho.

Ella es todos los reinos y yo, todos los príncipes,
      y fuera de nosotros nada existe;
      nos imitan los príncipes. Comparado con esto,
      todo honor es remedo, toda riqueza, alquimia.
      Tú eres, sol, la mitad de feliz que nosotros,
      luego que a tal extremo se ha contraído el mundo.
      Tu edad pide reposo, y pues que tu deber
     es calentar el mundo, con calentarnos baste.
      Brilla para nosotros, que en todo habrás de estar,
      este lecho tu centro, tu órbita estas paredes. 
John Donne

sábado, 15 de septiembre de 2012

The pathetic week

No sé si te ha pasado alguna vez, pero a mí, cientos. Cuando una amiga te presenta a su novio, más feo el pobre que pegar a un padre, y luego te pregunta, coqueta, arrugando la nariz y encogiendo un poco los hombros, con una sonrisa de complicidad: ¿qué, qué te ha parecido? y señala con la cabeza al engendro en cuestión que, gracias al cielo, ha desaparecido de tu vista hace escasos segundos. En ese momento, te acuerdas de aquel diccionario de sinónimos y antónimos de SM que te mandaron comprar en el colegio y nunca utilizaste. Y lo único que puedes hacer es poner cara de poker, asentir con la cabeza y decir "oye, parece un chico muy interesante..." 
Pues con Manchester pasa lo mismo.

Pero en este caso es verdad.

La ciudad tiene aproximadamente 500.000 habitantes y es conocida porque fue un importante foco industrial en el siglo XIX (especialmente en el sector textil), por su aportación a la música (Joy Division, The Smiths, Oasis) y por su tradición deportiva (Manchester City y Manchester United). Nada de esto hace de ella una ciudad "de postal", pero sí atractiva. 

Lo que pasa es que, como suele suceder con la belleza escondida de las ciudades, no se aprecia hasta que uno está dentro, ha pateado sus calles, ha visto el cielo gris y el cielo azul y se ha sentado dos veces en el mismo banco. Aún me queda mucho por ver, pero os traigo aquí unas refelxiones - imágenes - apreciaciones que he recopilado durante lo que llamo "the pathetic week". 

"The pathetic week" está compuesta por siete días en los que te sientes totalmente patética. Parece que en cualquier momento vas a meter la pata. Incluso las cosas sencillas que en tu ciudad harías sin problema, como esperar al autobús o estornudar, se convierten en situaciones embarazosas debido a la inseguridad. Para combatir los efectos nocivos que este estado puede tener en mi futura adaptación en el entorno mancuniano he recurrido a dos armas muy útiles: el libro y la cámara de fotos.

¿Por qué un libro? Porque, si efectivamente te has equivocado, tienes un sitio en el que refugiarte inmediatamente mientras te arden las orejas. Y si no ha pasado nada, pero no paras de darle vueltas a qué podría haber pasado o no dejas de preguntarte histéricamente cuándo carajos te aprenderás el camino de vuelta a casa... siempre puedes mandarlo todo a la porra y ponerte a leer. El libro que he escogido para esta ocasión es Raise High the Roof Beam, Carpenters and Seymour: An Introduction, de Salinger. Muy útil para enviar cualquier cosa a freír espárragos sin casi darte cuenta - la lluvia, el acento mancuniano, los pisos de alquiler y el intento frustrado de café inglés.

¿Y por qué la cámara? Porque la cámara... ¡oh, la cámara, my dearest friends! tiene ese poder mágico de transformar lo que te rodea en un decorado. Seleccionas, encuadras, te pones a la altura. Y todo parece distinto. Además, tiene otro efecto muy práctico durante "the pathetic week", y es que la gente piensa que eres un turista, te dejan un poco en paz y disculpan tu lentitud mental.

Mi teoría es que esta situación patética inicial no debería durar más de una semana, y pasado ese período es recomendable ir desprendiéndose de las armas para sumergirse en la ciudad cuerpo a cuerpo, en una lucha descarnada. Veremos.

De momento, os dejo algunas (no muy buenas, I know) fotografías de Chorlton, el barrio donde vivo, y que me ha ayudado a romper mis prejuicios de Manchester como ciudad deprimente, llena de hooligans y cantantes dogradictos con tendencias suicidas. Todo eso está latente en Manchester pero creo que es una visión reduccionista. Aquí los árboles crecen entre cenizas. El cielo se oscurece de repente y un rayo de sol atraviesa la lluvia también de repente. Como si la vida y la muerte habitaran juntas. Sí, es esa sensación de "love will tear us apart", que ya cantó el amigo Curtis. Curtis. Un chico... interesante. Miradle si no me creéis.

Mi calle. El lunes me mudo, pero sigo en Chorlton.
Hacer café en una bicicleta. ¿Alguien dijo cool?
Los sábados por la mañana suele haber "fairs" (mercadillos)
Grocery con productos naturales.
Ser vegetariano está a la orden del día.
No tienen morcilla de Burgos. Ja.
Productos indios en el mercadillo
En la biblioteca pública los niños han hecho una actividad sobre Hockney.
Los 70 y 80 viven en Manchester 
Productos navarros en mitad de Chorlton.
Tan a gustico, pues.

miércoles, 18 de abril de 2012

Cita

Acabo de encontrarme esta cita escrita en un papel. Es muy buena, pero no sé ni dónde ni cuándo la he leído. Si alguien puede ayudarme, se lo agradezco.

"Somos blandos, arrogantes, débiles y ambiciosos, todo al mismo tiempo. Y esta naturaleza humana que nos ha venido dada sin comerlo ni beberlo, nos acompañará hasta el fin de nuestros días. Tropezamos y caemos, caemos pero no aprendemos; y a pesar de nuestra ignorancia, intentamos enseñar a los demás. El hombre es un ser contradictorio que empuña la espada de la libertad sin darse cuenta de que es un arma de doble filo. A veces una carga, a veces el más preciado don.
Con esta libertad esencial nacemos, vivimos y morimos; con ella tomamos las decisiones que orientan nuestro existir y, aun siendo conscientes de nuestra ineptitud, creemos que llegaremos a ser algo algún día. Muchos vinieron antes, muchos vendrán después, probablemente seamos una mota de polvo arrastrada por el viento de los años. Pero nos negamos a aceptarlo, el hombre tiene necesidad de permanencia, ha de dejar una huella para el futuro, siente la obligación de estampar su firma en una obra de arte, una placa conmemorativa con su nombre, una imagen para el recuerdo. Somos seres extraños: vivimos en presente, consumimos nuestras fuerzas en disfrutar hoy y ahora; sin embargo, no podemos conformarnos con el momento actual, tenemos sed de futuro, sed de inmortalidad.
Y ansiamos el infinito, ambicionamos la inmensidad, ignorando por un segundo la limitación que nos esclaviza y a la vez nos desata. Soñamos una libertad inabarcable, desbordante, sin tener en cuenta que esta libertad ya la poseemos, que son las decisiones de hoy las que garantizan nuestra aportación al mañana, que las grandes gestas se construyeron a base de pequeños actos de libertad. Ésta no depende de revoluciones, ni de grandes teorías, ni de circunstancias ajenas a la propia naturaleza. Ondeemos la bandera de la libertad con brío porque a nosotros, seres indefensos, torpes y traidores, se nos ha concedido beber el elixir de la inmortalidad. ¿Qué haremos para merecerlo?"

Imagen de roleaniz


miércoles, 4 de abril de 2012

Un tiempo para caballos borrachos

Irán. Tras la muerte de su padre, Ayoub, de 12 años, toma el papel de cabeza de familia y lucha por cuidar de sus tres hermanos. Uno de ellos, Madi, padece una grave enfermedad que afecta a sus huesos y le hace totalmente dependiente de los cuidados de los demás. Cuando descubren que Madi está al borde de la muerte y que su única esperanza de sobrevivir es operarle en Iraq, Ayoub no duda en hacer todo lo posible por atravesar la frontera del Kurdistán.

 Un tiempo para caballos borrachos (Bahman Ghodabi) es una película dura y emotiva, que sumerge al público en las estepas nevadas del Kurdistán iraní, en la frontera con Iraq, donde los hombres trabajan duramente para transportar las cargas de un lado al otro del país. La carga, la frontera, el frío, son quizá las imágenes más poderosas que se graban en la mente del espectador.
El protagonista, Ayoub, es como uno de esos caballos que llevan sobre sus lomos un peso demasiado grande para su pequeño cuerpo. Un peso que él no ha elegido, pero que ha decidido aceptar y sacar adelante, de una forma u otra: su familia. Los lazos fraternos que unen a los cuatro hermanos son tan fuertes que, muchas veces sin palabras, con una sola mirada, con un gesto, entienden lo que deben hacer. Saben que su prioridad es siempre el más débil, quien más sufre (Madi) y que deben sacrificarlo todo y luchar por ayudarle, especialmente cuando ni el mismo Madi es capaz de luchar por sí mismo.

En este sentido, es crucial la trama secundaria de Amaneh, la hermana mayor. Amaneh decide casarse con un hombre mayor que ella a cambio de que éste se comprometa a curar a su hermano. Es una trampa. Cuando llega al poblado de su marido, recién casada, con la esperanza de que Madi sea operado, les separan y obligan al niño a volver a Irán. Nadie quiere hacerse con la carga de un enfermo y el enorme sacrificio de Amaneh, que parece inútil, hace más fuerte a su hermano Ayoub, que sufre, pero no se desespera porque sabe que su responsabilidad es demasiado grande como para renunciar. Además, en esta trama especialmente, Ghobadi describe la situación de inferioridad e injusticia en que vive la mujer iraní.

La frontera, en esta película, no es solo un elemento físico, sino también emocional: hay una frontera entre la esperanza y la renuncia. 
Es probable que Madi muera, tarde o temprano, tanto si es operado como si no. Sin embargo, en ningún momento aparece la opción de rendirse. Cruzar a Iraq es importante no solo para la vida del chico sino, también, para demostrar que es posible creer en un futuro, en el que quizá los jóvenes y los niños pueden tener un sentido de la dignidad de la vida más elevado que los adultos.  Aunque esta pueda parecer una observación demasiado optimista para una película que se presenta tan dura, no es la primera vez que Ghobadi filma la esperanza en medio de la angustia. En la película Las Tortugas También Vuelan (2004), del mismo director, con una temática parecida y con tres niños como protagonistas, aparecen dos visiones del drama iraní: el niño que se aferra a la vida y el que es sepultado por ella. La frontera es muy fina, como la del Kurdistán, hecha de alambre y nieve, peligrosa y en la que uno se encuentra a solas consigo mismo.
El viento helado obliga a los transportistas a caminar en silencio de uno en uno, el frío congela los miembros de los animales y solo el alcohol les hace reaccionar. Las grandes llanuras blancas - filmadas bajo la magnífica dirección de fotografía de Shahriar Assadi - ahogan a los caminantes, paralizan a los caballos, intimidan a los más valientes. Y un niño, solo, a quien nadie ayuda, llora de impotencia cuando su tabla de salvación (un caballo borracho) decide no seguir andando. Tira de las riendas, le golpea para que se espabile, pide auxilio a gritos. Es la imagen viva de la desesperación. En mitad de la nieve, casi invisible, como una mota de polvo en la nada, pide ser escuchado. Ayoub, Madi, Amaneh y Rojin son unos de tantos niños iraníes. Y la suya, es una de tantas historias, películas y vidas, contadas por Ghobadi desde el respeto y la admiración.

domingo, 18 de marzo de 2012

Rashomon (Akira Kurosawa, 1950) en cinco frases:

"Si no hubiera sido por el soplo de aire fresco, no la hubiera matado"
"Los hombres somos así porque somos extremadamente débiles, por eso decimos mentiras"
"Los hombres creemos en nuestras propias mentiras; es lo más cómodo y fácil"
"Eres un ladrón y me llamas a mí ladrón"
"Gracias a ti creo que puedo seguir creyendo en los hombres"