domingo, 18 de marzo de 2012

Rashomon (Akira Kurosawa, 1950) en cinco frases:

"Si no hubiera sido por el soplo de aire fresco, no la hubiera matado"
"Los hombres somos así porque somos extremadamente débiles, por eso decimos mentiras"
"Los hombres creemos en nuestras propias mentiras; es lo más cómodo y fácil"
"Eres un ladrón y me llamas a mí ladrón"
"Gracias a ti creo que puedo seguir creyendo en los hombres"

 

viernes, 2 de marzo de 2012

Desierto


El desierto es un lugar de exclusión social, obligada o por voluntad propia. El destierro a la soledad, a la marginación y, también, el encuentro con uno mismo, la reflexión, la intimidad y, también, la inmensidad, la infinitud  y el hombre enfrentado a ella. La grandeza que penetra en el alma humana, o la miseria del hombre que deambula entre las dunas y la arena. Hay miles de interpretaciones posibles sobre el desierto, tal es la fuerza de esta imagen.
Y el western es el género por excelencia que la ha explotado.


Dos películas sobre el desierto
En Centauros del Desierto, de John Ford, el desierto es el hogar y, como todos los hogares, no siempre es cómodo, no siempre es apacible, pero es el lugar donde el protagonista (John Wayne) necesita huir constantemente. Ethan  y la pequeña Debby, los dos habitan el desierto, apartados de su familia. Debby es quien busca, aunque ni ella misma lo sepa, es quien busca volver a casa y puede hacerlo cuando Wayne la encuentra. Debby es encontrada y así, puede volver a su primigenio hogar.  Ethan vuelve a casa, pero sabe que la intimidad familiar no le pertenece y debe marcharse. Hay en esta partida una cierta sumisión a las decisiones del pasado, una responsabilidad moral de  Ethan  que hace que su marcha sea coherente con el personaje y con la situación y le convierta, en el fondo, en un héroe. Es el personaje que sabe lo que tiene que hacer y lo hace. Sabe que su lugar es el desierto.

El desierto de arena y polvo y viento, donde siempre hay un horizonte, que nunca parece terminar.

Traje, una gorra roja, en mitad de la nada. Primera imagen de la película Paris, Texas de Wim Wenders. Para Travis (Harry Dean Stanton) el desierto es angustioso, un castigo, insoportable y esclavizante al mismo tiempo, como el pecado. Sin embargo, ese castigo se convierte paulatinamente en  penitencia, en una manera de purgar y ser perdonado. Esta transformación es lenta, llena de sufrimiento. El pasado ha arrastrado a  Travis  por el desierto durante cuatro años. Por eso camina como un zombie, por eso no puede hablar, porque la tierra y el viento le han secado y oprimido la garganta, tratando de asfixiarle. La película empieza donde una película clásica como Centauros del Desierto terminaría: cuando Travis logra salir del desierto. Lo que sucede es que en Paris, Texas el desierto no es un lugar físico sino un estado del alma, en el que no hay señales de tráfico que indiquen cuál es el camino de vuelta. Está perdido, es incapaz de perdonarse a sí mismo, tiene miedo y ya no puede mezclarse con la gente civilizada, y en gran parte tiene razón. Se va. El hecho de volver al desierto, renunciando voluntariamente a su familia, es también un acto heroico. Lo que sucede es que, a diferencia de Ethan, él sabe que su hogar no es el desierto sino Paris, el lugar inalcanzable que una vez trató de construir y acabó destruyendo, el lugar al que no se puede ir solo, el lugar que sacrifica por la felicidad de su mujer y su hijo. Lo único que distingue a  Ethan de  Travis es que el segundo sí tiene una familia, y el primero pudo haberla tenido.

The dust has come to stay. You may stay or pass on through


Dos textos sobre el desierto
El primero, de Benedicto XVI - ¿el Papa? sí, el Papa. Cuestiones religiosas y morales aparte, me parece innegable su elevada talla intelectual y la creatividad con la que transmite ideas de gran profundidad gracias a imágenes sencillas, como prueba el apartado que incluye en su libro Jesús de Nazaret, titulado "Las grandes imágenes en el Evangelio de Juan" con subapartados como "El agua", "La vid y el vino"... En este mismo libro, dedica un párrafo a la imagen del desierto, como lugar de las tentaciones de Jesucristo, que transcribo aquí.
"En su breve relato de las tentaciones, Marcos pone de relieve un paralelismo con Adán, con la aceptación sufrida del drama humano como tal: Jesús "vivía entre fieras salvajes, y los ángeles le servían". El desierto - imagen opuesta al Edén - se convierte en lugar de la reconciliación y de la salvación; las fieras salvajes, que representan la imagen más concreta de la amenaza que comporta para los hombres la rebelión de la creación y el poder de la muerte, se convierten en amigas como en el Paraíso."

Transcribo otro fragmento del libro Poética del Espacio, de Gaston Bachelard, en el que, uniendo filosofía, ciencia, intimidad y fantasía, desarrolla su teoría de la fenomenología de la imaginación. En el párrafo que traigo se centra en la imagen del desierto, aportando una intensidad y matices a esta imagen que nunca antes había leído ni sospechado.
"¡Cuánto más preciosas para un fenomenólogo son las imágenes del Desierto en el hermoso libro de Philippe Diolé: El más bello desierto del mundo. La inmensidad de un desierto vivido resuena en una intensidad del ser íntimo. Como dice Philippe Diolé, viajero lleno de ensueño, hay que vivir el desierto "tal como se refleja en el interior del hombre errante". Y Diolé nos llama a una meditación donde sabríamos - síntesis de los contrarios- vivir una concentración de la errabundez. Para Diolé, "esas montañas en jirones, esas arenas y esos ríos muertos, esas piedras y ese duro sol", todo este universo que tiene el signo del desierto está "anexado al espacio de dentro". Por medio de esta anexión, la diversidad de las imágenes está unificada en la profundidad del "espacio de dentro". Fórmula decisiva para la demostración que queremos hacer de la correspondencia de la inmensidad del espacio del mundo y de la profundidad del espacio de dentro."