sábado, 27 de abril de 2013

Llueve.

Mirar por la ventana cuando llueve me recuerda a las imágenes iniciales de Los Paraguas de Cherburgo.
En esta película, Jacques Demy cuenta la historia de amor entre Genviève (Catherine Deneuve) y Guy (Nino Castelnuovo). La banda sonora y la puesta en escena son impresionantes. Podría parecer que la estética se impone al argumento, pero creo que en este caso no es así. De hecho, la forma y el fondo están tan unidos que al terminarla, no se puede evitar pensar que esta historia, con estos personajes, con estos actores, no podría haber sido contada de otra forma. En Las Señoritas de Rochefort, también de Demy, al tratarse de un musical a la americana, el guion sí sale un poco peor parado, pero no sabría decir si esto es intencionado o no. En cualquier caso, creo que hay un punto en común entre ambas: esa pequeña introducción musical, entre los minutos 03.30 y 03.45 de Las Señoritas de Rochefort y entre el segundo 47 y el minuto 02.21 en Los Paraguas de Cherburgo, donde se entiende visualmente el argumento de la película. Son pequeñas historias de los ciudadanos de pueblecitos, que pasean con sus paraguas en mano, vidas que se cruzan y separan, que se encuentran y se evitan, y vuelven a encontrarse, como las vigas de hierro y las cuerdas de un puente, como en una composición musical en la que los distintos instrumentos, tocando distintas melodías, se entrelazan y, de pronto, surge algo sublime que no busca ser ni explicado ni entendido, sino disfrutado.
Man Ray, por ejemplo, en los años veinte ya mostraba sus inquietudes sobre el tema del azar pero me parece que, concretamente, la relación entre el azar y la ciudad ha sido un asunto más tratado en películas y novelas a partir de los años cincuenta y sesenta. 
Quizá porque fue entonces cuando los artistas mismos empezaron a preguntarse sobre su propia actividad creativa. El arte entendido como un producto, una construcción, cobraba fuerza, y entender el proceso de creación se volvió fundamental. Tanto que, hasta hoy, quien ignore esta preocupación de los artistas lo tendrá difícil para adentrarse en el arte contemporáneo.
Y en esa época, en la España de posguerra, el azar reunió a unos pocos con estas inquietudes. Lo dice Pere Portabella en una entrevista que publica hoy el blog de la distribuidora Intermedio: "Todo empieza porque tuve la suerte de ir a parar a una calle determinada." 
En esa calle de Barcelona, coincidió con Tàpies y Joan Brossa, entre otros, y desarrollaron la vanguardia artística española. En esa calle de Barcelona, hoy empapada por la lluvia que no deja de caer, se cruzarán las vidas de quienes continuarán el legado artístico de sus predecesores. En esa calle, que puede no ser una calle, de Barcelona, que puede ser cualquier otra ciudad, el azar, o quien quiera que sea, hará que se crucen dos vidas, y puede que surja algo o que no surja nada; pero los que nos sentimos espectadores de la existencia, que intentamos mirar siempre desde la lluvia con el ángulo totalmente picado que usaba Jacques Demy, no podemos dejar de esperar que sí, que sí, que en algún momento pasará algo porque, de cosas que pasan y personas que se cruzan, se hacen la vida, la historia y las películas.

sábado, 20 de abril de 2013

Mostra de Cine Latinoamericano de Cataluña 2013

Ayer terminó la 19ª Mostra de Cine Latinoamericano de Cataluña. Iré publicando algunas críticas de las películas que más me gustaron pero en esta primera entrada me gustaría enfatizar la importancia que tienen los Festivales de Cine. Desde mi punto de vista, su función es la de "puente". 

Un certamen como la Mostra trae películas de países latinoamericanos, que no solo acercan una cultura, sino que permiten escuchar unas historias a las que sería imposible acceder de otra forma y saber de su existencia. También los festivales de cine son puentes entre el público y el director. Cuando se tiene la oportunidad de contar con la presencia de los realizadores, aumenta la comunicación entre la audiencia y la historia que se relata; esto, favorece la educación cinematográfica del espectador y la reflexión que el director hace sobre su propia obra. Por otra parte, los festivales bien organizados, con una selección interesante y un criterio sólido, ayudan a construir la forma en que vemos las películas, haciéndonos capaces de relacionar unas con otras, compararlas. En el caso de la Mostra, se establece contacto con una realidad que va más allá de lo que escuchamos en las noticias. 
Todo esto hace que nos construyamos un mapa mental, una especie de mosaico con distintas piezas que, dependiendo del interés e información personal sobre el tema, puede ir aumentando, hasta formar lo que llamamos conocimiento y, a través del conocimiento, desarrollar nuestro criterio y opinión. 
Es una pena que, teniendo en cuenta que las películas presentadas en los festivales suelen tener un precio muy bajo, el contenido exclusivo que ofrecen y todo lo que pueden aportarnos, estén tan poco frecuentados. Es una alegría cuando, a pesar de esto, se siguen celebrando. Es una satisfacción mayor cuando una sale con la sensación de haber aprendido y haber escuchado una buena historia. En cierto sentido, una se siente más humana.

Aquí, un pequeño resumen con entrevista a Juan Ferrer, director de la Mostra

domingo, 14 de abril de 2013

Tres libros, un viaje

Tres libros distintos que he leído recientemente. 
El primero, fragmentos de relatos; el segundo, una especie de diario novelado; el tercero, un ensayo.
Los tres, escritos por Enrique Vila-Matas.
Los tres, leídos en medios de transporte: autobús, metro y tren.
Los temas que tratan se repiten, añadiendo algunos, investigando nuevos enfoques, pero casi siempre los mismos, de forma obsesiva.  

La literatura. Desde el escritor, desde el lector y desde el lector-escritor que se encuentra atrapado en ella, buscando adónde va. Adónde va ella y adónde va él. En Una casa para siempre, el protagonista es un actor de un espectáculo de variedades que tiene un muñeco. Un muñeco que habla por él mientras él mismo va perdiendo su voz. En El mal de Montano, un editor enfermo de tanto leer, incapaz de pensar en otra cosa que no sean libros y referencias literarias. En Perder teorías, un escritor invitado a una conferencia que escribe una teoría de la novela en servilletas de papel. 

La desaparición. Siempre hay un viaje, en todos los libros, un viaje hacia algún sitio donde poder desaparecer, pasar desapercibido, irse sin hacer ruido. Dejar de ser uno mismo, porque las voces de otros le atrapan, o porque se oculta bajo un seudónimo, o porque se olvidan de él en un hotel de Lyon. Desaparecer frente a los ojos ajenos como única forma de ser auténtico.

El viaje. Ligado a la búsqueda y a la desaparición, la mayoría de veces entendido como huida. Pero no es una huida sin más, habitualmente es una vuelta hacia algo conocido, hacia la casa propia donde, sin embargo, no se encuentra el sosiego deseado. El viaje en Vila-Matas describe más el ansia de la cotidianeidad que el disfrute de esta, que es, en realidad gris, densa y larga.

La espera. Se revela como el sentido de todo. Algo que se intuye que va a pasar, pero nunca se tiene una certeza segura, algo que puede ser o no ser, pero en cualquier caso va a llegar. Y la única actitud posible ante la llegada es la de esperar. Entender la espera es entender la vida. Está más desarrollado en Perder teorías.
Leer, desapareciendo entre la masa, viajando de vuelta y esperando a que llegue el metro, en uno de los actos más cotidianos de nuestra época hace sentir no solo que una tiene en sus manos la nueva novela española del siglo XXI, sino que la literatura puede ser - como se intuye en El mal de Montano - encarnada. Leer en los medios de transporte hace entender la literatura a través de los sentidos.

viernes, 12 de abril de 2013

Alan Berliner

Entrevistamos a Alan Berliner en el Hotel Yoldi de Pamplona. Hablamos principalmente sobre su última película First Cousin Once Removed, presentada en el Festival Punto de Vista. Un poco dubitativo, un poco emocionado, dijo que quizá esta era la vez que más se había aproximado a hacer una película que realmente captura la fragilidad de ser humano. Lo dijo en inglés.
Y, después de ver la película, descubres que no es una afirmación exagerada. La conversación sobre la que se basa la película entre Alan Berliner y su primo segundo Edwin Honig, que padece alzheimer, es quizá uno de los testimonios más emotivos, sin caer en el sentimentalismo, sobre esta enfermedad. La enfermedad de la memoria, de la ausencia. 
Berliner no dirige una película sino que la compone, como quien escribe un poema. Trabaja con los ritmos, las palabras, los sonidos y los silencios, que entreteje con el tiempo pasado, presente y futuro, creando un ensayo que pesa, como pesan los recuerdos de uno y respira, como respiran las memorias escritas por otro.

martes, 9 de abril de 2013

Oskar Alegría


"Si alguien espera cinco o quince días para que llueva y una lágrima de lluvia baje justo por el ojo de Man Ray, es un esteta."


En febrero tuvo lugar la edición del Festival Punto de Vista, el más importante en nuestro país centrado en el documental de creación. 
Las películas que se presentan en este certamen se caracterizan por explorar nuevas vías de narración. Lo que las distingue de otros filmes, e incluso de otros documentales, es la importancia que se otorga al enfoque con el que el creador se sitúa frente a la realidad, cómo la interpreta y trabaja con ella.
Este año, el Punto de Vista volvió a traer películas nacionales e internacionales. Así que nos fuimos a Pamplona, cuaderno en mano, para tomar nota de todo lo que pasó. Iremos publicando aquí algunas críticas, entrevistas y conclusiones.
Nuestro punto de vista sobre el Punto de Vista.
Empezamos con una entrevista que realizó Marta González al director Oskar Alegría, con motivo de la exhibición en el Festival de su película Emak Bakia Baita (La casa Emak Bakia). Esta obra ha sido seleccionada en festivales tan importantes como el de San Sebastián, Edimburgo y en el BAFICI, celebrado en Buenos Aires. Es la historia de la búsqueda de una casa en el País Vasco que inspiró al cineasta Man Ray, pero también es la historia de un director en busca de un lenguaje propio.

Aquí, la entrevista de Marta González a Oskar Alegría.
Oskar Alegría, director de Emak Bakia Baita