sábado, 11 de enero de 2014

Y punctum

Todo ha empezado por este cortometraje:


Porque, estando la historia ahí delante, con sus dibujos, sus bailes, sus personajes e incluso su punto final, cada uno ve algo diferente.

Probablemente haya una interpretación que se aproxime más a la intención del autor, quizá unos argumentos sean más sólidos que otros para defender lo que ha pasado entre los dos protagonistas y puede que los puntos de vista de distintas personas sean radicalmente contrarios... pero lo que me gustaría descubrir no es "la verdad" de este film sino cómo una misma película puede crear emociones tan diferentes en los espectadores.

Está claro que la predisposición es fundamental. Pero hay una serie de elementos biográficos, psicológicos y culturales que apenas controlamos y que condicionan nuestra forma, por una parte, de percibir la realidad misma y, por otra, de proyectar esa percepción sobre las representaciones ajenas.

No es que el individuo sea una especie de preparado de ingredientes batidos en la Thermomix que simplemente va reflejándose en todo lo que le rodea. Al contrario, creo que es "ese mundo de ahí fuera" el que - sin nuestra intervención - nos golpea y despierta en nosotros quizá emociones, recuerdos o pensamientos que estaban dormidos.

En otro contexto, es lo que Roland Barthes definía como el studium y el punctum. El studium es aquello que sentimos al aproximarnos a algo movidos por la curiosidad o un interés analítico, de estudio. En este caso fue porque alguien se empeñó en que viera el cortometraje en cuestión. El punctum es la emoción punzante que parece atravesarnos al ver una fotografía, una película o leer un verso de un poema, porque de alguna forma accede a aquel sentimiento concreto, con un matiz específico y una intensidad paralizante. 

Explicar cómo funciona el studium parece más fácil por ser objetivo y aplicable a un grupo de gente con un mismo tipo de intereses. Por ejemplo: cómo está contada una historia hace que sea más apropiada para un tipo de público, también se puede valorar su interés en un momento histórico o prever su impacto social. Sin embargo, el punctum es tan íntimo que probablemente no seamos conscientes de que está ahí hasta que la representación, o la realidad misma, lo sacuden y desempolvan. De hecho, quizá sea el punctum el fundamento de nuestra identidad, al dibujar esa fina línea que une lo objetivo y lo subjetivo, lo de dentro y lo de fuera.

En mi caso, el punctum (de haberlo) está en el minuto 02:43, en ese momento en que la protagonista no solo está nítidamente dibujada sino sombreada, como si se hubiera vuelto demasiado real. Esa imagen en la que sus manos se separan de las del chico, en solo unos segundos y con un sencillo matiz del dibujante, parece resumir el conflicto de los personajes y el núcleo de su drama.

Por supuesto, hay otras razones personales para entender por qué mi interpretación del vídeo se basa en esta breve secuencia; sin embargo - como ya ha quedado explicado -, el punctum pertenece a la intimidad de la autora. Solo diré que me ha sorprendido y me ha hecho pensar. No soy Barthes y no tengo por qué hablar de estas cosas.