miércoles, 26 de marzo de 2014

Metamorfosis

Cuando un escritor te posee, su voz se mete dentro de tus intestinos, su lenguaje se fusiona extrañamente con el tuyo y empiezas a mutar lentamente, hasta que la transformación se hace evidente, tan palpable que a tu alrededor lo notan y te miran como si te estuvieras convirtiendo en insecto, en cucaracha, en un parásito repugnante que encerrar en una habitación y al que pasarle pedazos de tarta de cumpleaños por debajo de la puerta.

Cuando eso sucede, y eres incapaz de huir del escritor que ya ha penetrado en ti, con su incomunicación, su soledad y su profunda tristeza de atardecer y árboles ceniza, entonces, lo único que queda es emborracharse.

Beber como una cuba, bailar claqué en la barra del bar y gritar "hijo mío, hijo mío, cuánto te he buscado" a cualquiera que pase. Emborracharse y entrar en la inauguración de una exposición donde proyectan un corto de un padre que quiere matar a su hijo con un hacha porque es un tronco. Y el bebé tronquito berrea en la cuna, su padre amenaza con el hacha y la mujer le suplica compasión. Es imposible ver esta escena, con cuatro cervezas y dos gin-tonics encima, y no reírte a carcajadas, dando pisotones en el suelo y retorciéndote por las paredes de la exposición, ante la atónita mirada del cantante de Manos de Topo, que toma un piscolabis con tu jefe.

Cuando estás borracha, en medio de la Metamorfosis con tu propia metamorfosis, solo una viejecilla puede salvarte. Una abuela de metro cincuenta con joroba (un metro sin ella), con el brazo torcido, que parece salida de un teatro de marionetas de principios de siglo XX y roba cacahuetes de las mesas. Se acerca y susurra: "después de todo, lo más correcto es largarse." Abre la boca para carcajearse y puedo ver los restos de cacahuetes en sus muelas. Se parte de risa en silencio, sin emitir el mínimo sonido. Quizá sí está emitiendo sonidos y yo no la oigo, quizá la señora en realidad sea alta y esbelta, quizá no he vivido nada de lo que he vivido porque estaba poseída por el escritor. Pero no importa si es verdad o mentira, basta con sentirse pequeño y silencioso, como un diminuto bichito que se aleja tambaleándose por una esquina, con sonrisa bobalicona de borracho, pensando que no hay nada como asomarse al abismo de cuando en cuando para mantener la cordura. 


sábado, 22 de marzo de 2014

Uno. Goethe y Bradbury

"¡Ah! lo que yo sé puede saberlo cualquiera - mi corazón no es más que mío", dice Werther, dice Goethe.

El Goethe romántico, el que cuenta la tragedia de Werther y Charlotte, el que llevó a los jóvenes a suicidarse por amor, el del romanticismo de verdad y no de aquel otro, ya nos lo dijo. Que el mayor misterio y la mayor delicia y el más terrible peligro es descubrir que uno es uno y no otro. 

El Goethe desesperado, el del Fausto entregado a la vida, que quiere experimentar todo y todo a la vez, gritó "¡instante detente!" suplicando, angustiado y ciego, permanecer siempre ahí. Ahí donde uno olvida lo que sabe y no sabe, lo que entiende y no entiende, ahí donde uno es sin saber qué es.



En las poesías de Ray Bradbury también late el corazón de un hombre que ama irracionalmente, que busca a tientas, fragmentado; sabiendo que ser hombre quizá es ser varios. Ser varios para ser él mismo.

"Apaga la luz, después enciende una cerilla,
levanta la escotilla de la vieja caja de Pandora,
deja que salga la medianoche, emborráchate
de sidra de manzana al mediodía, de cerveza de trébol por la mañana,
sé el vagabundo de ambos tiempos:
el día que despega,
la noche que se mustia.
Pero por encima de cualquier cosa, comprueba
si son de verdad todos tus yoes internos.
(...)
Corre velozmente a través de la Nada.
¡Lo escribes o se olvida!"

Su obra se titula Vivo en lo invisible. Sus poesías son ligeras, son cantos a la risa y el agua, a la vida fugaz y al Dios que refugia. Bradbury no pesa. Vive en lo que no cambia, en lo que no camina ni se para, en el continuo suspenso, en la brisa callada.

"Siempre llevo conmigo lo invisible,
las cosas que sé pero no conozco 
y pretendo averiguar a tientas
en este país de ciegos
que es la mente y cada pensamiento 
y todo cambio climatológico interior. 
(...)
Grito ¡Detente! 
y el balón, en los versos,
se queda suspendido entre los árboles
para nunca bajar.
Así que ya ves, es cierto,
siempre llevo conmigo lo invisible
igual que tú lo llevas hecho visible en ti."

-----
Blow out the light, then strike a match,
lift hatch on old Pnadora's trunk,
let out midnight, then get drunk,
on moontime ciders, morning clover,
be the rover of both hours,
the day that sours,
the dark that tours.
But above all, listen, you,
to all your inner selves be true.
(...)
Run swiftly then through all that's Not.
Scribble it down! Or it's forgot!
------
I carry always the invisible
the things I know but do not know
and try to find, with a blind hand
in that country of the blind
that is the mind and all its thought
and every inner change of weather.
(...)
I cry freeze
and the ball in a poem
stays suspended in trees
and will never come down.
So you see, it is true
I carry always the invisible to me
as you carry that invisible made visible in you."