lunes, 11 de agosto de 2014

Cómo leer

En Cómo hablar de los libros que no se han leído, Pierre Bayard provoca la reflexión del lector sobre el acto de leer y, por extensión, sobre nuestra relación con la cultura: ¿cómo leemos?, ¿qué pretendemos cuando queremos saber más? e incide en los huecos de nuestro conocimiento haciendo que nos preguntemos cómo nos enfrentamos ante lo que no sabemos, ante aquella ignorancia de la que somos conscientes y puede llegar a avergonzarnos. 

Es un libro ameno que quizá interese especialmente a profesores de literatura y a escritores. Bayard pretende destruir nuestros complejos para aproximarnos a los libros; desmontar la hipocresía que rodea no solo las conversaciones de sobremesa, sino las reuniones de profesores universitarios; buscar, en definitiva, una experiencia de lectura real. No importa que ésta sea incompleta, siempre y cuando fomente la imaginación y la proyección personal sobre los libros, de tal forma que: 
Lo que nos resulta posible decir de nuestra relación privada con el libro obtendrá tanta más fuerza cuanto menos reflexionemos y dejemos que el inconsciente se exprese en nosotros y evoque, en ese tiempo privilegiado de apertura del lenguaje, los vínculos secretos que nos unen al libro y, a través de éste, a nosotros mismos. (p.174)
fotografía tomada de flickr

Estoy de acuerdo con esta tesis de Bayard y me reconozco en algunas de las situaciones o actitudes que describe en su libro. Sin embargo, considero que, si bien esta lectura creativa es imprescindible para establecer un canon personal, por ejemplo, o para buscar la propia originalidad de escritura, no resulta apropiada en todos los ámbitos. Pienso en concreto en el entorno universitario o científico, donde el rigor no se encuentra únicamente en la capacidad asociativa o relacional, sino en la demostración de las hipótesis de acuerdo a un texto externo a la subjetividad del investigador. En cualquier caso, suscribo estas palabras de Bayard en la conclusión de su libro:
¿Acaso podemos ofrecer a un estudiante un obsequio mejor que el de volverlo sensible a las artes de la invención, es decir, a la invención de sí? Toda enseñanza debería tender a ayudar a quienes la reciben a adquirir la libertad suficiente en relación con los libros como para que ellos mismos puedan convertirse en escritores o artistas. (p.194)