miércoles, 31 de diciembre de 2014

Zapatos

3 de noviembre
Al niño le ha dado por escuchar flamenco todo el día. Se pasa las horas dando palmas y gritando solo en su habitación. Ayer se compró varias camisas y pantalones negros, dice que a partir de ahora vestirá así. Ha pedido unos zapatos de flamenco, con tacón, para reyes. Su padre y yo estamos preocupados.

12 de noviembre
Cita con la profesora a las tres. Por lo visto el niño se sienta al fondo del aula y no hace otra cosa que fumar y garabatear en el cuaderno. No deja que nadie vea lo que escribe y llama "paya" y "prima" a la profesora. Igual le expulsan. He notado que las madres de sus amigos le empiezan a mirar raro. 

14 de noviembre
Discusión fuerte. Le he pedido que ponga la mesa y me ha gritado que "ya no puedo aguantarme y ni vivir de esta manera, porque yo no puedo, porque yo no quiero ni aunque Dios lo quiera". No entiendo a qué vienen estas reacciones desproporcionadas. Su padre le ha dado una colleja y le ha mandado a la cama sin cenar.

25 de noviembre
Al poner la lavadora he visto un papel que caía de uno bolsillos del pantalón. Era un billete de tren a Utrera para el próximo 20 de diciembre. Necesito hablar con él de una vez. En media hora llegará de sus clases de guitarra. Me he tomado una tila pero sigo de los nervios. Mi madre dice que son cosas de la adolescencia, que ya se le pasará. Este crío es un raro. 

26 de noviembre
Estuvimos hablando durante un buen rato en la cocina, le dejé que fumara. Se echó a llorar y me dijo que no le entendemos, que no tenemos sensibilidad y que su sitio está en Utrera. Le he contestado que quien no tiene sensibilidad es él, insultando a la gente y montando gresca, y que si no puede ni siquiera hacerse cargo de su habitación cómo se va a ir a vivir él solo. Me ha mirado con rabia y compasión, una mirada muy larga, muy tensa, muy de cantante de flamenco. Después ha susurrado que somos incapaces de ver la vida desde las heridas. Así, tal cual, a la cara, como escupiendo: "no podéis ver la vida desde las heridas, y yo vivo en la llaga". Me he quedado helada, sin saber qué responder.
Entonces se ha puesto a escribir como un loco en su cuaderno.  

29 de noviembre
Creo que la conversación ha ayudado mucho. Sonríe algo más y ayer volvió a peinarse con gomina, como suele hacer cuando está de buen humor. Le he dicho a su padre que, aunque nos cueste, hay que evitar reírse de él y dejarle un poco tranquilo. A ver.

30 de noviembre
Le he visto en la plaza de la mano con Macarena, su compañera de clase.
Vaya jaleo por una cosa así... era evidente desde tercero de primaria, ya podía habérmelo contado.
Nada de zapatos de tacón en reyes, ni hablar. 
Le regalamos un CD de Camarón y va que chuta.
Espero que se le pase pronto. Ya podía ser gótico o rastafari, como todo hijo de vecino, pero bueno. Caso cerrado.


viernes, 26 de diciembre de 2014

José

"José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió dejarla ocultamente. En esto pensaba, cuando en sueños se le apareció un ángel del Señor y le dijo: "José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, pues lo concebido en ella es obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados" (...) Habiendo despertado José del sueño, hizo lo que el ángel del Señor le había ordenado y recibió a su esposa."
En estas fechas me gusta leer el evangelio para ver si me aclaro un poco y consigo entender de qué va exactamente la Navidad, más allá del consumismo y el turrón.
Lo que me suele pasar es que nunca llego a comprenderlo del todo.
Pero siempre aprendo algo.

- Que José confió y acabó casándose con la chica de sus sueños, por ejemplo.
- Que Dios habla como quiere, también cuando estamos dormidos.
- Que en lo oculto, en la noche de la angustia, a veces llegan las respuestas a nuestras dudas.
- Que no tenemos ni idea, en definitiva, pero lo importante es escuchar, fiarse y seguir adelante.

Por eso, me parece que la Navidad cristiana es una época de esperanza, de ilusión, de amor renovado. Ahí entiendo la gratuidad de un regalo, el deseo de que el año próximo nuestros sueños se cumplan, los propósitos de intentar hacer que todo vaya mejor.

Como José en el evangelio, todo esto es solo un fragmento en una época del año. Supongo que, como él, durante el resto del tiempo estamos trabajando. Pero ahora que descansamos, que dormimos y soñamos, es el momento clave - quizá el único, no perdamos la oportunidad - para decir, sinceramente, deseo tu felicidad.

Fotograma de El evangelio según san Mateo, de Pasolini

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Interstellar

Interstellar es una película que te mantiene despierta, en guardia, porque la música te lleva y el guion gira en remolino imprevisible. No se pueden apartar los ojos de la pantalla, que hechiza. Es todo artificio, es ficción, espectáculo, experiencia cinematográfica. 

Las imágenes sublimes, la banda sonora arrolladora, la increíble actuación de Matthew McConaughey, no son un adorno. Es un cuidado envoltorio que cubre la más frágil de las emociones humanas: la esperanza. La película se presenta como un sistema perfecto, un cuerpo orgánico, que quiere esconder algo tan silencioso, constante y leve como el latido de un corazón.

Interstellar es desigual, hay algo entre el fondo y la forma que no acaba de encajar, quizá debería haber sido más larga o más corta, quizá sobra algún personaje o falla el cierre, no lo sé, soy incapaz de detectarlo. A pesar de sus diálogos reflexivos, de la jerga científica y los intentos de hacer ciertos apuntes filosóficos, hay un momento en que la fuerza de la película, la intensidad de la experiencia, anula todo intento de lógica y te arrastra, te hace más sentir que pensar. Creo que en lo emocional radica el poder de Interstellar. 

Igual debería verla otra vez. 

Mejor no. 

Dejaré fijada la huella de la primera impresión.