sábado, 16 de mayo de 2015

Despedida

Cádiz, 16 de mayo de 2015

Una carta de despedida antes de despedirme para poder decir que no fui tan cobarde de irme corriendo con el secreto guardado. Una carta de despedida y una carta de recomienzo.

Haciendo memoria, vuelvo al lugar donde empezó todo y llego rápidamente a aquella noche en que soñé que estaba en el cielo; mi cielo. Sentada en un círculo, como en una gran asamblea, no reconocía ningún rostro pero sabía que ahí estaban todos los que quiero y los que me falta por querer. Mi gente. Hablábamos sin palabras. Estábamos todos sentados, queriéndonos y nada más. 

Miré hacia el frente y estabas sentado frente a mí, con una mirada que he visto más veces. Era la mirada de quien buscaba desesperadamente ser salvado. Pero tenía un brillo distinto. El sentimiento de triunfo de quien lo ha conseguido. Y también había algo de sorpresa, de agradecimiento, de un cariño inmenso y de picardía. Soñé que esa mirada me hacía muy feliz pero era demasiado grande para unos ojos como los míos.

Me desperté angustiada. No sabía si aquel sueño era un deseo o una premonición. Un anhelo desesperado por que algo suceda o la conciencia clara de que, inevitablemente, sucederá. Podía ser una liberación y una condena al mismo tiempo, y me temlaban las piernas. 

Aún sigo sin comprenderlo, pero creo que estoy más cerca de hacerlo porque se acerca el final del relato, y al final es cuando damos sentido a lo anterior. Empiezo a pensar que aquel sueño fue en realidad una promesa y, sin saberlo, he vivido mucho tiempo creyendo en ella. Y lo sigo haciendo. Creo que tiene sentido esperar, que existe - después de las despedidas - la posibilidad del reencuentro, y que puede ser tan puro, tan bello y tan auténtico que ya nunca sea necesario nada más. Creo que existe el cielo. Creo que existe el amor puro y pleno, que hay una mano que nos acompaña y unos ojos que nos miran. Que no somos invisibles sino almas que conectan.

Lo creo porque lo he visto. En mi sueño y en tu mirada.

martes, 12 de mayo de 2015

Bach

Fue una noche en la ópera, durante la Pasión Según San Mateo de Bach.
Como una premonición del engaño, del egoísmo, de la maldad.
Una voz aflautada, liviana, como un susurro helado que confirma el horror, gemía.

¡Sangra, querido corazón!
Un niño que has criado,
que has amamantado en tu pecho,
amenaza con asesinarte,
pues se ha convertido en serpiente.

El alfiler de punta fina y certera atravesaba el alma del amor callado
mientras las palabras retorcidas salían de la boca putrefacta del traidor
susurrando, como la soprano, exhalando el aliento asqueroso de la falsedad y el disimulo.

Pensaba
qué delgada y escurridiza y ligera es la mentira,
como una lombriz que se esconde en los agujeros donde no puede empaparle la lluvia.
Ni las lágrimas.
Qué denso y evidente y fácil es en cambio el miedo.

Decía
cómo deforma el traidor lo puro y sencillo,
y qué profundo dolor el de quien sigue confiando, 
para seguir sangrando. 

Cuando se cerró el telón y ya no había nadie en la sala, 
se arañaba el pecho
balbuceando
qué angustia cuando uno es traidor y amante y profeta, todo al mismo tiempo.


Bach (1685 - 1750)

domingo, 3 de mayo de 2015

Maquillaje

INT. NOCHE. CUARTO DE BAÑO
ELLA (40) está en el lavabo, frente al espejo, con los botes de maquillaje, colonia, cepillos... esparcidos. Coge un poco de maquillaje y se hace cuatro puntos en la cara. Comienza a extendérselo. Viste de negro, muy elegante. 
Llaman a la puerta y, sin esperar respuesta, alguen entreabre la puerta. Entra ÉL (45), un hombre apuesto, viste también de negro y tiene una pequeña cicatriz en la ceja. ELLA se gira y parece que va a decir algo. Le tiembla el labio y se le humedecen los ojos. ÉL entra apresuradamente en el baño y cierra la puerta. Se cogen de la mano. ÉL la acaricia y abraza. ELLA llora con sollozos silenciosos, muy nerviosa. ÉL le seca las lágrimas y le da un beso en la mejilla, otro en la boca y la sienta en un taburete. 

ELLA se va tranquilizando, respira hondo. Se quita los zapatos de tacón. Cierra los ojos y respira profundamente. ÉL se apoya en el lavabo, le tiemblan un poco las manos. Comienza a ordenar y cerrar los botes. Coge el bote de maquillaje y se echa un poco en el dedo. Se acerca a ELLA, que continúa con los ojos cerrados, la mira con ternura. Se agacha ligeramente y le pone un punto de maquillaje en la nariz. ELLA abre los ojos, sorprendida. ÉL dibuja una sonrisa traviesa y le pone puntitos de maquillaje por toda la cara. ELLA se deja y ÉL extiende suavemente el maquillaje debajo de los párpados, las mejillas, la boca. 

Se besan. ÉL se levanta, cierra el bote, se acerca al lavabo y lo coloca perfectamente junto a los otros. Se lava las manos con jabón, frotando las yemas de los dedos con fuerza. Se seca las manos en un trozo de papel. Se acerca a ELLA y le susurra algo al oído. ELLA le besa en el cuello. ÉL sale del baño y ELLA se coloca de nuevo frente al espejo. Coge el colorete, aprieta los labios y hace una mueca de sonrisa para ponerse color en las mejillas.

INT. NOCHE. TANATORIO
El cuerpo de un HOMBRE (60) descansa en el ataúd. Tiene un agujero en la frente, de disparo, y los ojos cerrados. ELLA, vestida de negro y con los tacones, se acerca y coge su anillo. Se lo coloca junto al suyo, en el anular derecho. Lo acaricia. Una SEÑORA (85) le acaricia el brazo y ELLA sonríe ligeramente. Deja caer dos lágrimas. Entran varios RESPONSABLES DEL TANATORIO, ponen una tapa de cristal sobre el ataúd y, uno de ellos, le dice algo a ELLA, que asiente. La SEÑORA se besa la punta de los dedos y los pone sobre la tapa. Las dos salen de la sala junto con otras personas que están allí.  

EXT. NOCHE. SALIDA DEL TANATORIO
ELLA sale a la calle acompañada de la SEÑORA, cogidas del brazo. Enciende un cigarro. Hay varias personas fuera. Uno a uno le van abrazando y dando el pésame. En un lado hay DIEZ HOMBRES DE NEGOCIO. Uno de ellos lleva una corona de flores "DE TUS COMPAÑEROS DE ÁLVAREZ Y ASOCIADOS", que da a la SEÑORA, y le da dos besos. ELLA va saludando a los demás compañeros. El quinto es ÉL. Se sostienen la mirada, se dan la mano educadamente. ÉL mira sus dos anillos en el dedo anular. Le da dos besos ligeramente nervioso. Al separarse, le acaricia la mejilla, entre la cara y el cuello, como extendiédole el maquillaje. Dibuja una breve sonrisa traviesa.